DIEGO CARVAJALINO

 

En días pasados, las oficinas de la Asociación de Exalumnos recibieron la visita de Diego Carvajalino Galofre, reconocido empresario y emprendedor nacional, quien compartió con el equipo de La Cartelera, momentos de su vida y comentó cómo su paso por el Moderno, ha sido definitivo para su vida.

Exalumno de la promoción 2000, Carvajalino Galofre, es licenciado de la Universidad de Navarra, España en Economía y Derecho, se ha formado en Strategic Planning and Management in Retail, Retail Management, Executive Education del Babson College. Tiene un Máster en Gestión de Procesos de Negocio de la Universidad de Navarra, España y en Economía y Dirección de Empresas de IESE de la misma. En la actualidad, es Gerente de Proyecto en Colinagro S.A. y se ha desempeñado como Director General, Fundador y Accionista de Catalystas, Fundador y Gerente Inversiones en Mandri S.A.S. en Barcelona, España, donde también se desempeñó como Consultor y Adjunto a Director General Grupo MRS. También en el inicio de su desempeño profesional fue Consultor Senior para Deloitte en Glasgow, Escocia. Adicionalmente, ha sido Gerente de Marketing y Ventas Internacionales en Colinagro S.A. y Profesor del Área de Análisis de Situaciones de Negocios de EDIME de Universidad de La Sabana.

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Cuál es su primer recuerdo del Moderno?

Diego Carvajalino Galofre (DCG): Recuerdo que el primer día en Montessori II, fui el único niño que llego sin lonchera. Mi hermana mayor era del Femenino y allá les daban onces a las niñas. Mi mamá no sabía que en el Moderno no, entonces tuvo que salir corriendo a Pomona de la carrera 11 con 76, a comprar la lonchera. Esto fue más o menos en 1987, yo tenía 4 o 5 años.

 (LC): ¿Se acuerda de sus primeros profesores?

(DC): Bueno, yo entré a Montessori II. Mi primera profesora fue Ángela Borda. Ella fue como una segunda madre. Era muy amorosa y nos cuidaba mucho. Durante todo en el colegio siempre estuvo presente, nos seguía preguntando cómo nos iba, cuidándonos.

De los del Bachillerato, el más importante fue Pompilio Iriarte, él es uno de los profesores que más me ha marcado. Pero, en el trato personal y en la vida en general, don Guillermo Quiroga, fue mi guía. También, me acuerdo mucho de Maximiliano Fernández, él hablaba toda la clase del Valle de Tenza, todos los temas los relacionaba con su lugar de origen. Solamente había que preguntarle: “Max… ¿cómo era la época en que vivía en el Valle de Tenza?” y ahí arrancaba, para él ese era tema más importante.

 (LC): ¿Fueron a alguna excursión con Maximiliano?

(DC): Si mal no recuerdo, fuimos a Boyacá. Nos tocó repetir en Séptimo, la de Quinto, porque en esa época había mucha inseguridad. También, me acuerdo mucho de la del Amazonas y la de Gorgona.

En Décimo íbamos a ir a Ciudad Perdida, pero poco antes de salir para allá, unos tres días, el ejército entró en combate con el ELN o las FARC en esa zona. Nos tocó cancelarla y en tres días montar una a donde pudiéramos. Finalmente, tomamos un vuelo a Ipiales, Nariño. Hasta ahí teníamos planeada la excursión. En adelante, fueron aventuras. Lo importante en ese momento, era tener un poco de efectivo para el bus a Quito y conocer Ecuador. Al final, fue espectacular. Estuvimos en el Volcán Cayambe, en el Cotopaxi, y en la playa de Esmeraldas. Fue una excursión construida sobre la marcha, una gran excursión. 

La que más recuerdo fue la de Once. Fuimos a Machu Picchu, hicimos el camino del Inca. Fue muy divertida porque no calculamos bien el presupuesto y no nos alcanzaba la plata para el tren de vuelta. Nos tocó devolvernos caminando por la carrilera. Además, tuvimos que hacer el camino del Inca en dos días, en vez de tres, que era lo programado, para ahorrar plata y guardar un día para regresarnos. Fue muy divertido.

(LC): En los viajes se conoce la gente, se reafirman amistades ¿sus amigos de entonces, son los de hoy en día?

(DC): Si, todos los del colegio siguen siendo muy importantes para muchas cosas y nos seguimos reuniendo con mucha frecuencia. Además, hemos logrado que las esposas de todos se entiendan, incluso, armamos un grupo que se llama: “Chicas Moderno”.

Lo que pasa con los amigos del colegio, es que uno sigue siendo amigo de todos. Tal vez, con más frecuencia nos vemos un grupo de seis o siete. Pero cada vez que hay algún evento, se cruza uno con más, y sigue siendo amigo de todos.

(LC): Con esos amigos… ¿hizo alguna pilatuna?

(DC): Hacíamos todo tipo de pilatunas, era algo constante. El que más sufrió fue Luis Eduardo Pineda Guzmán. Desde que llego al colegio lo bautizamos “Lucho Edy”, porque se ponía furioso. Lo molestábamos constantemente. Cada vez que alguno le decía así, él respondía: “Luis Eduardo. Se demora más, pero se expone menos”. Las clases eran muy divertidas.

Me acuerdo una anécdota mítica. Fue con Maximiliano Fernández. Era época de Mundial de Fútbol. Por supuesto estaba rotundamente prohibido ver los partidos durante las clases. Maximiliano se moría por ver uno. Para verlo se le ocurrió que, dentro de las actividades de la clase contáramos los pases que hicieran los jugadores. Como era prohibido, pusimos la TV encima de los lockers, al lado de la puerta para que nadie se diera cuenta y arrancamos a contar. Todos teníamos que estar sentados con el cuaderno abierto, como si estuviéramos haciendo las tareas. Gracias a la Ley de Murphy, paso don Guillermo, miró y nos vio a todos mirando hacia la puerta, era raro. Entró y se puso furioso, pero como estábamos con Max, fue más el regaño para él. Me acuerdo ver a Max intentando explicar, que dentro de las actividades de la clase, estaba el contar pases de un partido de fútbol…

(LC): Estos, sin duda, son momentos únicos ¿cree que lo vivido en el Moderno ha marcado su vida?

(DC): Por supuesto. Lo principal es que en el Moderno se forman personas. Evidentemente, es importante la formación que se recibe de los profesores, porque durante el resto de la vida uno va a tener que afrontar decisiones complejas donde se van a poner los valores en juego. Es la formación que uno recibe como persona, es la que ayuda en esos momentos a tomar las decisiones correctas, a no embarrarla.

No creo que fuera el mismo, si no hubiese pasado por el Gimnasio Moderno y si no hubiese tenido la filosofía de la promoción. También impacta en la forma de trabajo. Ahora que tengo la responsabilidad de la gerencia de una compañía, y la posibilidad de definir el modelo de organización. He encontrado en la Disciplina de Confianza es algo muy bonito, muy respetable, que uno quisiera poder lograr en todas las organizaciones. Que la gente cumpla con sus labores, sin necesidad de tener controles estrictos encima, porque al final, cuando uno empieza a poner demasiados controles a la gente, se infunda es desconfianza. Cuando se empieza a dejar de confiar en la gente, la gente empieza a dejar de confiar en su trabajo, en su organización, en su empresa y por ende las cosas no funcionan las cosas igual.

(LC): La Disciplina de Confianza y el Espíritu Gimnasiano ¿qué son para usted?

(DC): Para mí, el Espíritu Gimnasiano es sobre todo la Disciplina de Confianza. Estos dos valores son importantes, pero por encima están las personas, más importante que el conocimiento en sí. Es un diferencial el que una persona sea de valores y de principios. Y todo eso es parte de lo que nos enseñaron en el Moderno.

(LC): Estos valores definen a un gimnasiano ¿es fácil identificarlos?

(DC): Si, curiosamente somos como una secta, en el sentido que nos identificamos bastante. Generamos comunidad después de graduados, pero que adicionalmente no es exclusiva del Moderno, también se invitan a los del Campestre. A veces en esos mismos grupos de amigos, uno se da cuenta que tanto la gente del Moderno como la del Campestre, que rivalizamos en todo durante el colegio, somos muy parecidos, a veces la comunidad se vuelve conjunta.

 (LC): Y para terminar… ¿qué consejo les daría a los gimnasianos?

(DC): Los gimasianos de hoy en día se enfrentan a un mundo complicado, en donde el tema laboral sobretodo, está cambiando a una velocidad tremenda. Ya no es garantía de éxito laboral el estudiar Medicina, Derecho o las carreras tradicionales. Muchas de las profesiones que existirán cuando ellos terminen la Universidad, no existen hoy en día. Es muy difícil. Yo creo que lo importante, no es tanto lo que estudien, sino que en el proceso de estudiarlo tengan siempre los ojos muy abiertos, estén escuchando lo que pasa en el mundo, estén empapándose de las cosas y sobre todo generen habilidades, cosas más sociales, más relacionales. Uno puede ser ingeniero, abogado o lo que sea, pero, si después logra encontrar eso que le gusta, y le funciona, igual la carrera que haya estudiado, le va a servir porque se habrá formado como persona.