Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano, destacado periodista y escritor, gimnasiano de la promoción 1962, abrió las puertas de su apartamento en Bogotá al equipo de La Cartelera, y ofreció una entrevista en la que contó cómo fue su paso por el Gimnasio Moderno y como influyo esté en su vida profesional.

Pizano ha sido colaborador, editor y columnista de varios medios de comunicación dentro de los que se destacan  El Malpensante, Semana, Gatopardo,  la Casa Editorial El Tiempo y Cambio 16, libretista de reconocidas series de televisión como Dejémonos de vainas, autor de más de veinticinco libros, profesor universitario y conferencista internacional. Y en el último año fue reconocido como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.

Actualmente, invierte la mayor parte de su tiempo a escribir libros con un carácter mucho más pedagógico.

Aquí su entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Cuál es su primer recuerdo del colegio?

Daniel Samper Pizano (DSP): Yo entré al colegio en el año 1949, cuando tenía 4 años. Siendo entre nieto del Rector y becado,  tuve que mantener durante toda mi vida escolar excelentes notas, pues esa era la constante amenaza de mi madre, si perdía alguna materia, me sacaban del Gimnasio.

Recuerdo que me llevaban todos los días al colegio y me gustaba mucho pasar tempo allí. Hubiera preferido menos exámenes y más horas de juego, pero en general, la pase muy bien, salvo cuando había Jornada de Vacunación. Esos días para mí eran lo peor, llegue hacer locuras con tal de no enfrentarme con la jeringa. Para esa época, existía La Facultad de Economía en el Gimnasio Moderno, y yo les decía a los estudiantes, que eran jóvenes con carro y todo, que me llevaran a mi casa porque me iban a vacunar, para ellos era un súper plan y me llevaban. Por supuesto, mi mamá tenía que salir corriendo conmigo al colegio y acompañarme a la dichosa vacuna. Pero existía una manera por lo cual voluntariamente me dejaba vacunar, era cuando las nietas del don Agustín iban al colegio a vacunarse, yo vivía enamorado y no podía llorar enfrente de ellas, ese era el momento perfecto para vacunarme.

(LC): ¿Qué hace tan especial al Moderno?

(DSP): El colegio tiene esa virtud de formarlo a uno como persona y motivarlo constantemente, aunque a uno le vaya mal en algunas materias. En el colegio ante todo que éramos libres. Si alguna vez no queríamos entrar a Misa, pues lo mandaban a uno  para la biblioteca sin mayor problema, no como en otros colegios que si eran mucho más estrictos. El colegio tiene ese espíritu de libertad, respeto y ante todo de expresión.

 (LC): ¿Algún profesor le marcó la vida?

(DSP): El mejor profesor que he tenido en mi vida, y debo aceptar que pasado por muchos sitios, donde he tenido excelentes profesores: la Universidad Javeriana y Harvard, pero el mejor sin duda alguna se llamaba Héctor Cardozo del Gimnasio Moderno, el enseñaba francés y latín. Era un profesor muy riguroso con los idiomas, pero lo que uno aprendía con ese señor era excelente. Yo aprendí latín en un año con él, mi francés actual es de dos años del Gimnasio y gracias a la vocación de este maestro.

(LC): ¿Y El Prof.?

(DSP): El Prof. era un tipo genial en mil cosas. El hecho de que dejará la comodidad de una universidad alemana y se viniera a un sitio cuyo lengua ignoraba, donde no sabía si había agua y viniera a nada distinto que enseñar,  habla muy bien de él. El Prof. era un ser especial, tenía esa capacidad de ser cómplice y al mismo tiempo estricto. Él era muy duro con la disciplina. Uno lo veía como un profesor, como un amigo, como un compañero, todo eso  reunido en una sola persona. Ver Filosofía con él era una gloria y también nos llegó a dictar inglés cuando el profesor se enfermaba, y si él estaba libre nos dictaba la clase sin ningún problema.

(LC): ¿Cuál es la excursión que más recuerda?

(DSP): Disfrute de varias excursiones, entre ellas tuve la oportunidad de ir al Caguán, cuando se podía ir allá. Yo debía estar en Cuarto de Bachillerato y recorrimos todo el río Caquetá hasta la olla Amazónica. Luego caminamos 40 Kl para llegar al Putumayo, esa fue una excursión muy buena. Otras que recuerdo son las del Viejo Caldas, Tolima, Huila. Fuimos a Cali y al Pasto y llegamos hasta la frontera con Ecuador. Pero la mejor sin duda fue la que hicimos en el último barco por el río Magdalena. En una excursión fuimos por ese gran río, el Magdalena, en uno de los últimos champán que salían del Salto de Tequendama. Pasamos por Barraquilla, Santa Marta y Cartagena. Recuerdo que era muy incómoda, pero hoy digo que maravilla ver el río Magdalena, ya no había caimanes, ni muchas otras maravillas, pero sin duda fue la mejor excursión que tuvimos, parecía del siglo XIX, dormimos en cubierta, en hamacas y comimos plátano.

(LC): ¿Recuerda alguna anécdota o travesura?

(DSP): Yo hacía parte del grupo de teatro, recuerdo que llegue a interpretar la Pobre Viejecita, me vistieron con ropa de mi bisabuela, también llegue a interpretar a don Gervasio. Yo estaba perfilado a tener una gran carrera como actor. Pero una vez, cuando estábamos ensañando una obra en Bachillerato, nos pusimos a bailar “Can can” con dos amigos, uno de ellos Fernando Castro que tocaba el piano, y llego El Prof. y dijo “ustedes tres fuera del grupo”, y ese fue mi último día de teatro.

(LC): ¿Cómo fue su experiencia en El Aguilucho?

(DSP): Yo fui Director de El Aguilucho. Me siento orgulloso de decir que es la revista escolar con ediciones ininterrumpidas de Colombia. Durante su larga historia ha tenido editoriales fuertes de gimnasianos que quieren al colegio, pero también lo critican y quieren que sea un lugar mejor.

Nuestro Aguilucho no fue bueno, porque no sabíamos de muchas cosas. Conseguir patrocinadores era muy difícil, además antes había una revisión por parte de don Agustín, que coartaba nuestra libertad de expresión. Nosotros no  tuvimos el valor para evitar esa revisión, como si la tuvieron generaciones más jóvenes y ahora es un medio de comunicación libre, donde el colegio no tiene problema alguno a la hora de publicarlo.

(LC): ¿Cómo es un gimnasiano?

(DSP): El Moderno tiene que producir gente de bien, ciudadanos de bien, gente con ideas propias, con personalidad, gente que quieras hacer algo por este país. Y así lo  hecho, en el colegio hemos tenido de todo un poco, hemos tenido toreros, guerrilleros, políticos, periodistas y eso es quizás la misma libertad que ofrece el Moderno, la que permite la variedad de personalidades que uno se encuentra en la calle.

 (LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(DSP): Que sí se graduaron del Moderno para conseguir plata, el colegio ha perdido 13 años en ellos. Pero sí se graduaron para ayudar a “este puto país” entonces lo hicieron bien.