Armando Vegalara Rojas

El conocido empresario Armando Vegalara Rojas, exalumno de la promoción 1965, recibió en días pasados al equipo de La Cartelera, en su oficina de la calle 72, para en una agradable charla, recordar apartes de su paso a través de la cerca de pinos.

Economista de la Universidad de los Andes, con postgrados en Macroeconomía y Desarrollo Económico en Oxford University. Fue gerente de división de Casa Toro S.A., gerente general de Finanzauto S.A. y presidente de Finandina entre 1989 y 1992. Presidió a Coinvertir entre 1992 y 1993. Pertenece a la junta directiva de Aseguradora y Capitalizadora Grancolombiana, Casa Toro, Motoryza y Banco del Estado. Vegalara fue presidente de Financiera Andina (Finandina), gerente de Finanzauto, miembro de varias juntas directivas como las de. Anteriormente se desempeñó como asesor de Planeación Nacional, jefe de evaluación del programa DRI, e investigador de la Oficina de Planeamiento del Sector Agropecuario (Opsa). Profesor de las Universidades Nacional, de los Andes y Tadeo Lozano. Hoy se desempeña como consultor financiero.

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Cuál es su primer recuerdo del Gimnasio Moderno?

Armando Vegalara Rojas (AVR): Yo entré en 1954 a segundo Montessori. Fue divertido, porque por alguna razón mis papás me inscribieron al Gimnasio Campestre y en esa época quedaba como en el campo y yo llegaba a la casa totalmente embarrado, pues tenía unas quebradas. Mi mamá vivía desesperada  y mi hermano que había estado en el Moderno, en el Internado, acaba de regresar de los Estados Unidos y entró a la Facultad de Economía de Administración que había en el Gimnasio, y convenció a mis papás y me pasaron al Moderno. Arranque en segundo Montessori, muy contento.

En ese año tuve una experiencia bastante difícil porque al lado de la Facultad de Administración, donde está la Primaria hoy en día, hacia la parte occidental, Bollo y Bolla, unos personajes muy conocidos en esa época que vendían los dulces, se paraban en la puerta del colegio, por la calle 74 y todo el mundo les compraba. En mi curso teníamos un Club de Ahorro, y ahí cometí el error de echarle la mano a la caja, lo cual fue gravísimo, se armó una gran reprimenda, con toda la razón, pero yo quería repartirle los dulces a mis amigos, eso no gusto nada y mis papas fueron citados al colegio con don Agustín y el Prof. Y bueno, en un momento dado consideraron que yo no era el candidato apropiado para el Gimnasio. Pero el Prof. dijo que no, que me dejaran, que no era para tanto y me perdonaron la vida.

Esa fue una lección muy importante para mi vida,  fue una reflexión sobre algo muy mal hecho y naturalmente la aprendí muy bien la lección. Yo era un poquito desaplicado al principio, me gustaba jugar fútbol, patanear. Nosotros teníamos una cancha de fútbol chiquita, al lado de salón, la profesora de ese momento era María Elena Uribe de Santa María, amiga de mi hermano mayor, y se dio a la tarea de organizarme y formarme como el mejor estudiante. En verdad que lo tome muy a pecho, estudié muchísimo desde entonces,  fui muy buen estudiante, me gane las copas, unos logré buenos promedios.

LC: ¿Cuál era la materia que más le gustaba?

AVR: A mí me gustaban todas las materias. Realmente no tenía predilecciones. En Quinto, Sexto de Bachillerato tuve la suerte de tener una clase con el Prof. Bein, clase de Filosofía. Me acuerdo muy bien verlo llegar con un libro gordo del padre Julián María y me fascino esa clase, era un reto intelectual permanente y el Prof. nos ponía a pensar y discutir, era extraordinario.

Me gustaban las clases de francés con el profesor Cardozo que todo el mundo se burlaba de él por su pronunciación. Tenía un carácter muy fuerte y todos le tenían chistes al profesor Cardozo, yo aprendí muchísimo con él. Teníamos un profesor de Química buenísimo, el profesor Pinzón, creo, le decíamos MOL, estrictísimo. Después del colegio terminábamos tomando aguardiente en los laboratorios, la pasamos muy bien.

Los profesores relevantes fueron María Elena Santa María, Pinzón, Cardozo y don Guillermo, nuestro Director de Curso, el director nuestro en Sexto, se enfermó, se fue, entonces don Guillermo entró a mitad de camino. Yo seguía siendo buen estudiante, ese año, en la nominación para la  Copa del Esfuerzo, me nominaron los otros profesores se opusieron, “Vegalara ya se la ganó, ese no…”, muy frustrante. Un día, con los años don Guillermo, profesor también de mis hijos también, me contó la historia, pero claro como era una persona nueva, se lo pasaron por alto.

LC: ¿En qué materia fue malo?

AVR: Siempre me iba bien en todo, la verdad nunca tuve dificultad. Hubo un cambio importante, el paso de Segundo de Bachillerato a Tercero. Empezábamos a ver Algebra y Geometría, era un pensamiento abstracto sobre todo Geometría era muy difícil, eran todos los teoremas, al principio tuve dificultad pero supere bien.

Yo tenía una mezcla de ser muy nerdo, pero al mismo tiempo me gustaba la calle, la noche, me gustaba apoyar la gente. En Tercero de Bachillerato, yo ya había superado las pruebas, me levantaba temprano, cogía el troli, porque yo vivía en el barrio La Soledad, para llegar a las 7:00 am al colegio y apoyar de 7:00 a 8:00 am a varios compañeros míos. Eran mis alumnos, en Sexto tenía una especie de kínder. Yo vivía en una casa grande y mi cuarto era espacioso. En la época de los exámenes de Sexto de Bachillerato, todo el mundo quiere pasar el año, todo mundo quiere graduarse, me acuerdo que yo llegaba con cuatro amigos a mi casa, los mandaba a dormir y me ponía a estudiar  que preguntas nos van hacer y las respondía, después que tenía sistematizadas las respuestas los despertaba, “¡hora de clase…!” De 12:00 m a 2:00 am estudiábamos, de 2:00 a 4:00 rumba y al otro día a las 8:00 de la mañana, estudiar, todos pasaron, fue muy divertido. El equilibrio entre la vida personal y la académica.

A mí me tocaba traficar con mis conocimientos, cuando entre a la universidad, seguía siendo estudioso, no muy hábil para el baile o para conquistar niñas, ni para hablar. Entonces mis amigos eran plantadísimos, yo les enseñaba y ellos me llevaban a las fiestas, fue muy divertido.

Todo eso lo llevo a estudiar Economía en la Universidad de los Andes y me gané una beca de la Fundación Ford. Fuimos una generación muy influenciada por los acontecimientos que estaban pasando en el mundo, Mayo del 68 en París, la Guerra de Vietnam, los Beatles, el jipismo, prohibido prohibir, imaginemos lo imposible.

LC: Una parte importante de la formación en el Moderno son las excursiones ¿recuerda alguna?

AVR: Fueron lo máximo, la que recuerdo con mayor emoción fue la de Sexto, fuimos al Urabá. Llegábamos luego del tramo entre Medellín y Quibdó en bus, en el que atravesamos unas trochas muy complicadas. En Quibdó nos embarcamos en unas barcazas por el río Atrato hasta el Atlántico y Cartagena. En papá de Eduardo Soto, era un personaje muy importante, presidente del Banco Colombia, nos invitó a su casa, nosotros no teníamos mayor plata y esa casa en Cartagena era una oportunidad maravillosa. Fuimos al casino y ganamos, con eso logramos una estadía de una semana en Cartagena.

Las excursiones son las mejores cosas que tiene el Gimnasio Moderno, porque son la oportunidad de conocer cosas nuevas y valerse por sí mismo, sensacional.  

LC: ¿Alguna Pilatuna?

AVR: Muchas pilatunas, yo me crie en la calle de muy chiquitico, llegaba a la casa de 6 años, dejaba mis libros y salía a ver mis amigos del barrio, habían varios gimnasianos como Manuel Rodríguez, el Mono Buendía, varios, en La Soledad. Nosotros nos reuníamos en el Parkway. Ahí jugábamos. Tenía una bicicleta que había reconstruimos de unos escombros de mi casa y con mi amigo Juan Manuel Pardo íbamos al anfiteatro de la Universidad Nacional a ver a las muertas.

Otra pilatuna nuestra fue cuando estábamos en Primaria y se jugaba la copa Adelaida con las del Femenino, ellas se sentaban alrededor de la cancha de tenis. Nosotros nos inventamos el negocio de alquilar comics, pero no eran comics, eran revistas Playboy, nos iba divinamente, hasta que fuimos pillados y nos llamaron la atención.

LC: ¿Qué lugar del Gimnasio Moderno, le gusta más?

AVR: El Edificio Principal era un clásico, todos los lunes nos reunía don Agustín y nos echaba un discurso de una hora, el Teatro Fernández Madrid, el zarzo y el caimán, siempre era una aventura subir al zarzo. El Prof. tuvo una clase que fue una maravilla, se llamaba Apreciación Musical, al pie de su oficina estaba el salón de música, estaba medio aislado, nos ponía música clásica y nos decía que instrumentos escuchamos. Y el Edificio de Sexto, lo hacía sentir a uno como grande, la otra cosa divertida que tenía era

El Cubierto también fue importante, aunque con el tiempo se volvió un poco obsoleto, pero al principio nos tocó el gimnasio recién construido tenían unas paralelas, unas barras que eran para hacer ese tipo de deportes y era divertido también.

LC: ¿Algún apodo?

AVR: Me decían Pegas, se burlaban de mí. Yo nací en Baltimore, USA, me decían Boool y el otro no lo puedo decir.

LC: ¿Sus amigos son los mismos del colegio hoy en día?

AVR: Tengo algunos amigos del colegio, pero yo tengo diferentes grupos de amigos la verdad. Siempre tuve amigos en el otro curso, esa rivalidad de que usted es de otro curso, yo nunca estuve en esa realidad y toman del pelo y todo, siempre tuve buenos amigos de lado y lado. Una cosa bonita del Espíritu Gimnasiano es, cuando uno sale al mundo profesional, de la vida universitaria y que ya las cosas cambian, uno siempre reconoce al gimnasiano por ese trato que siempre tiene, te integran muy fácilmente, como de compinchería y código secreto, es algo que identifica, obviamente todos no son así pero en general sí, hay unos que creen que por ser gimnasianos uno es de un grupo privilegiado. El gimnasiano que  tiene la cultura gimnasiana metida en su ADN.

LC: ¿Qué piensa de la Disciplina de Confianza?

AVR: Maravilloso, yo creo que la Disciplina de Confianza, el tema de partir de la base de que uno es una persona responsable de que se merece la confianza para llevar adelante su vida yo creo que uno de los valores importantes del Gimnasio.

LC: ¿Qué consejo le daría a los Gimnasianos de hoy en día?

AVR: Yo creo que el Gimnasio ha tenido un recorrido difícil en estos últimos años, en los cuales ha habido mucha discusión, pienso que las últimas rectorías han traído como un aire nuevo y el colegio ha mejorado muchísimo.

La percepción que tengo, es pues no tengo hijos, ni nietos allá, veo muy gratamente que el colegio ha mejorado, ha hecho cosas importantes, el tema de tecnología iniciativas como la emisora son instituciones que crean una cultura hacia profesiones importantes. Don Agustín tenía la idea de “Educar antes que instruir”. Hoy en día, en un mundo competitivo, el educar e instruir en el sentido de que las competencias hay que formarlas, me parece que todo lo que se haga para que los estudiantes aprendan a leer y aprendan a escribir, lo hagan bien y fácil, rápido, es de trascendental importancia.

Hay que insistir y que tengan un manejo básico de las Matemáticas es importante y también idiomas como el inglés, creo que es un tema supremamente importante, yo creo que perseverar en una buena educación en el sentido  de desarrollar competencias que requieran  para universidades y que se llegue a la universidad y que el estudiante pueda escribir, hablar en público, leer fácilmente, investigar, yo creo que es importante.

Y creo que un tema que hoy en día se está volviendo más recurrente, es el trabajo colaborativo, ya que el liderazgo de la persona iluminada que lleva el barco hasta el otro lado del río, que tiene la solución en la cabeza, ya no es la regla. Ahora es un tema más de promedios, que el trabajo de todos esta articulado y tiene objetivos claros, son unos cambios muy importantes, todo el tema de redes, el empoderamiento que produce el acceso inmediato a la información, ha cambiado mucho de la forma que se hacen las cosas, la velocidad, entonces el poder combinar eso de formar eficiente es algo importante.