Juan Carlos Calle Donado

En días pasados, el equipo de La Cartelera, entrevistó a Juan Carlos Calle Donado, un joven ingeniero gimnasiano, quien se especializó en la construcción de material tecnológico para la defensa en los Estados Unidos. En la actualidad hace parte del departamento de desarrollo y producción de una de las empresas más importantes y tradicionales de la defensa de los Estados Unidos, Raytheon.

Calle se graduó del Gimnasio Moderno en 2008, estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de Míchigan, de donde se tituló con éxito en 2015. En 2016 ingresó a la empresa Raytheon, en la que fue nombrado como ingeniero para la manufactura de misiles. En este momento, combina su trabajo con el estudio de una maestría en “Systems and Industrial Engineering” en la Universidad de Arizona.

Presentamos aquí la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Cómo fue su primer momento en el Moderno?

Juan Carlos Calle Donado (JCCD): Yo entré al Gimnasio Moderno transferido del Colegio Anglo Colombiano a Primero de Primaria; y me pareció increíble. Mis papás cuentan que yo estaba muy contento en el Moderno, especialmente por el fútbol, había dos canchas y muchos campos verdes. A todos en el salón nos gustaba jugar, hacer deporte y pasarla rico. Fui muy feliz desde que entré.

El tercer día de clases, mientras jugábamos y hacia amigos, algunos me apodaron “Gorila” por ser el más grande, y desde ahí, ese fue mi apodo.

 

La  “Copa Interroscas” era increible, de las barras de los papás, en la que mi papá siempre era el primero, del acuario de Tercero Decroly y de la excursión de Cuarto de Primaria a Villa de Leyva. Recuerdo que el zoológico tenía ovejas y perros, me parecía extraordinario. Además, podía interactuar con los grandes del colegio, todos salíamos al mismo patio en el descanso a jugar piquis. ¡Era increíble el Moderno!

LC: ¿Se acuerda de su primera profesora?

JCCD: Sí, me acuerdo mucho de Patricia Álvarez, “Pato”. Ella era mi Directora de Grupo y me recibió con mucha amabilidad. También recuerdo a Doris León, la Coordinadora del Preescolar. Ellas dos fueron muy importantes en mi entrada al colegio, fueron un apoyo muy grande para mí.

LC: ¿En qué materias era bueno?

JCCD: La Geometría la entendí bien, era lógica y me iba bien sin estudiar. Pero los números al comienzo me dieron muy duro. La verdad es que en Matemáticas no sobresalí, hasta que empecé a cogerle el gusto. Más tarde me di cuenta de que los números eran fáciles de entender. Yo siento que, al comprender los conceptos matemáticos, se pueden aplicar a todo lo demás.

Yo me destaqué en el deporte. Siempre fui muy deportista; desde pequeño me metí al equipo de fútbol y me convertí en el arquero del equipo en Tercero. Y por lo grande que era, también fui elegido como arquero de las generaciones más grandes. Ya en Bachillerato, Jaime Salazar, mi Profesor de Educación Física, me animó a meterme al equipo de básquet y así lo hice. Y cuando no tenía prácticas, iba con Neil Carvajal a trotar por las mañanas.

Una experiencia especial que recuerdo de los primeros años, fue cuando Juan Carlos Bayona armó un equipo de bicicleta de montaña y los integrantes éramos dos amigos, nada más, practicábamos en el colegio. Después llegó el equipo de Últimate, en el que también estuve. Recuerdo que, durante toda mi vida escolar, antes y después de clases, yo siempre me la pasaba haciendo deporte.

LC: ¿Algún profesor marcó su vida?

JCCD: Sí, me acuerdo de Marisol, la profesora de Español y Directora de Curso en algunos años. Me ayudó a percibir las letras y a escribir con más seguridad. También recuerdo con cariño a Myriam de Cuervo, de Séptimo grado y a Jaime Salazar, mi profesor y entrenador de básquetbol.

Además de ellos hubo una persona que marcó mi vida, quien, a pesar de no haber sido mi profesor, me apoyó en el fin del colegio. Se trata de otro exalumno, Carlos Eduardo Bayona, quien fue mi consejero en el último año. Él fue la persona que más me empujó a venirme a los Estados Unidos. Yo tenía una vaga idea de este proyecto en la cabeza, pero no tenía claro cómo desarrollarla; y hablar con frecuencia con él y con mis papás fue definitivo para mi futuro profesional.

LC: ¿Cree que la educación del Moderno le ayudó a ser quién eres hoy en día?

JCCD: Estoy segurísimo. El Moderno fue una etapa importante en mi vida, pues la educación en el Gimnasio va más allá de los libros. Definitivamente aprendí herramientas para la vida, me enseñaron a respetar la independencia de pensamiento, a ser amable, a tratar con cariño a la gente, a saber quiénes son mis amigos, y cuando hay problemas; a buscar soluciones y seguir la vida. La educación del Moderno me dio las herramientas que en este momento aplico en mí día a día. Yo creo que el Moderno no fue sólo un colegio en el que aprendí Matemáticas, Lectura, Escritura o Historia; fue un espacio en el que me formé como un ciudadano correcto que hace parte de una sociedad, luchando por hacer las cosas bien hechas.

LC: ¿Qué es el Espíritu Gimnasiano?

JCCD: Me parece que el Espíritu Gimnasiano no solamente implica ser una buena persona; se trata de ser también una persona íntegra y firme. Cuando hay que hablar con alguien, se habla; cuando se tiene que ser amigo, se es buen amigo y se dice la verdad. Yo siento que el Espíritu Gimnasiano exige ser una persona de bien, una persona íntegra y honesta.

LC: Ese Espíritu se refuerza en las excursiones ¿recuerda alguna?

JCCD: Tengo muchas en mi memoria. Una muy especial fue la de Noveno, cuando Ember Estefen era el Director de Grupo. Nuestra excursión fue en agosto, luego de las vacaciones, y todo esto se programó para poder ver las ballenas migratorias en su paso por el Pacífico de Colombia. Nos certificamos en buceo y estuvimos una semana viajando en un barco con todo el salón, buceando algunas horas de cada día. Conocimos todo Gorgona y pudimos ver las ballenas. Pienso que fue un viaje diferente; estudiamos, tuvimos clases de buceo, y fue todo un proceso de aprendizajes. ¡Fue una excursión increíble!

Otra importante fue la de Once, fuimos la primera excursión del Gimnasio Moderno que viajó a Asia. Llegamos a Estambul en Turquía y de ahí, arrancamos un recorrido largo y cruzamos. Conocí mucha gente y aprendí muchísimo. Viajamos con el rector de ese momento, Juan Carlos Bayona. Cuando llegué, meses más tarde, a la Universidad de Míchigan, había muchos turcos, y era increíble poder hablarles de que había estado allá, de su cultura y detalles de las ciudades.

LC: La amistad es uno de los valores más importantes del Moderno ¿Mantienes los amigos del colegio?

JCCD: Si, mis amigos de la vida son los del colegio. Casi todos viven en Colombia y con todos tengo contacto, y cada vez que voy a Colombia, nos vemos. Somos los amigos que nos reunimos a tomar una cerveza, a hablar, a molestar, y cuando nos vemos, parece como si nunca me hubiera ido. Seguimos hablando de las mismas bobadas, seguimos molestando de la misma manera. Son los amigos de siempre… los mismos con los que me gradué.

LC: Con esos amigos ¿hicieron alguna pilatuna?

JCCD: Una vez teníamos que hacer un reporte para Español, y éramos cinco en el grupo. Nos inventamos hacer una crónica del colegio de noche y para esto, conseguimos el permiso del rector. La idea era recorrer todos los edificios y mientras caminábamos, con la guía del vigilante nocturno del colegio, queríamos que él nos contara historias de miedo y experiencias que habían pasado en el colegio para tal vez encontrar algún fantasma o descubrir algo diferente.

Así lo hicimos, caminamos a la media noche, y cuando entramos al Edificio Principal, en la oficina de profesor Bein había una foto del colegio chiquitica, como en sus comienzos, de donde salía una cabeza blanca frente a un árbol, que parecía un fantasma. En esa caminata el vigilante nos dijo que nadie sabía qué era eso. Recuerdo que lo filmamos porque era una imagen real y se podía ver a simple vista. Yo no sé si todo el mundo sabía o sabe de esa foto, pero es increíble verla. Era chistoso y miedoso al mismo tiempo, porque había ruidos por la madera, ruidos de la noche, hacía frío y pues estábamos nosotros solos caminando, con el señor, por todos los edificios del colegio. Pensábamos que nos iba a aparecer algo, pero finalmente no pasó nada. Terminamos la noche viendo fotos que iban acompañadas de historias contadas por el vigilante. Yo creo que él quería asustarnos con sonidos y a eso se le sumaban los ruidos del colegio con pisos de madera. Era el típico señor con mil llaves amarradas a una pita. Nosotros queríamos entrar a los salones en donde tuvimos clase en Primero, Segundo y Tercero porque queríamos ver como se veían a oscuras con la luz de la luna reflejada adentro. Ahora no sé por qué razón a mí eso me pareció tan miedoso.

LC: Cambiando de tema ¿Los gimnasianos tienen una marca o una forma de ser especial?

JCCD: Los gimnasianos tienen algo especial, y es esa formación gimnasiana que los hace especiales. Ese ser interior que sale y sabe expresarse, que sabe ser querido, que sabe ser un hombre. Ese algo especial que hay en el Moderno muestra que somos hombres libres interiormente. Yo siento que tenemos una conexión o un algo especial que no se puede encontrar afuera del colegio.

LC: ¿Ha encontrado algún exalumno en los viajes?

JCCD: No, creo que nunca he conocido un gimnasiano fuera del colegio, pero he viajado a encontrarme con mis amigos del colegio. En la universidad había colombianos y cuando hablábamos y yo les decía que era del Moderno, me señalaban que ciertamente les parecía que yo tenía un estilo de Moderno, por esa mente abierta, espíritu abierto, ideas abiertas, ideas de cómo convivir en el mundo.

LC: ¿Qué extraña del Moderno?

JCCD: Lo que más extraño es esa libertad que nos daban y todas las herramientas que nos ofrecía el colegio, todo lo que teníamos alrededor para hacer. Yo estaba metido en muchas cosas; y estando en todos los equipos y en todos los deportes, también en el grado Once vendía sándwiches y galletas. Definitivamente extraño esa libertad y todas esas posibilidades que tuve para poder desarrollarme.

LC: Ya para terminar, ¿qué consejo les darías a los gimnasianos de hoy en día?

JCCD: El consejo más grande que yo podría dar es que disfruten, porque pasa algo raro y es que dentro del colegio, uno no se da cuenta del lugar tan especial con el que cuenta. El Moderno da libertad para que uno se desarrolle en lo que uno quiere ser. Yo hablo con gente acá, con mis amigos en Estados Unidos y a la gente no le cabe en la cabeza las excursiones tan increíbles que hicimos. Yo creo que la libertad que ofrece el Moderno, unido a la gente tan valiosa, y a la arquitectura, lo convierten en un lugar especial. Definitivamente los gimnasianos tienen un premio y es  la formación integral y la oportunidad de aprender a vivir bien y deben aprovecharlo.