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RAFAEL HUMBERTO OSSA

En esta edición, La Cartelera tuvo la oportunidad de entrevistar a Rafael Humberto Ossa Trujillo, exalumno de la promoción 2010, quien ha sido el elegido este mes como Exalumno destacado por su grandiosa labor académica en el Moderno y por su importante aporte en el campo de la medicina.

Rafael estudió Medicina en la Universidad del Bosque, en donde obtuvo Tesis Honorífica por la investigación sobre el tratamiento en lepra y actualmente está adelantando sus estudios en Harvard. Estuvo involucrado en varios procesos extracurriculares, entre ellos el voluntariado denominado “Doctor Clown” en el cual busca dar un espacio de entretenimiento, él dice que con la terapia de risa es posible cambiar el ambiente del paciente, apoyarlo en su enfermedad, escucharlo y lo más importante, lograr sacarle una sonrisa a un paciente y de esta manera cambiar la mentalidad de la hospitalización e intentar que el paciente vea su enfermedad como algo constructivo. Esta clase de terapia lleva a una recuperación más rápida y además disfrutan su estadía por un centro de salud. Actualmente, trabaja en el Laboratorio de Genética y Biología Molecular con cargo de Director Médico en el que se encarga de coordinar el departamento de Investigación, Docencia y Clínica. También trabaja como médico ambulatorio, se encuentra realizando investigaciones en conjunto con la Universidad de los Andes, Colciencias y la Clínica Monserrat en estudios relacionados con el Autismo y la genética; y como si fuera poco, los miércoles da clases de introducción a la medicina a alumnos de grado décimo del Moderno.

El deporte siempre ha sido parte de su vida. En el Moderno, participó en el equipo de rugby, que estaba a cargo del profesor Carlos Tejada quien fue Selección Colombia de esta disciplina. Rafael fue Selección Bogotá y hoy en día hace parte del equipo de Carneros, que tuvo sus orígenes en la Universidad de los Andes. Actualmente cumple doble rol en el equipo: jugador y  médico. Y hoy está examinando la posibilidad de abrir un Torneo de Rugby con Exalumnos del Gimnasio Moderno, al cual les abre la invitación a los exalumnos interesados en participar de este.

Rafael también es buceador profesional, deporte que lo ayudó a superar momentos complicados en su vida.

Aquí la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿En qué año entró al Moderno?

Rafael Humberto Ossa Trujillo (RHOT): En el 2006, antes estaba en el Gimnasio Británico que queda en Chía. Es un buen Colegio, pero salí de allí porque no me terminó de convencer la severidad con la que se manejaban los temas disciplinarios y mis papás decidieron sacarme.

El profesor Gustavo Moreno fue quien me trajo al Moderno, él es un muy amigo de mi papá se conocieron en algún aspecto académico. El me presento el Moderno, me apoyo en todo mi proceso y finalmente me vio graduándome con diploma en mano. Al comienzo no lo podía creer, porque entrar aquí no es fácil, estaba muy feliz.

Del Moderno me llamó mucho la atención La libertad con la que podías moverte en todos los ámbitos, se podía hacer lo que quisiera, pero sabiendo que el exceder o faltar a las normas de la Institución tendría sus consecuencias. La disciplina de confianza es un método increíble, sabes que toda acción tiene su reacción tanto positiva como negativamente.

(LC): ¿Qué es lo que recuerda con más cariño del Colegio?

(RHOT): El comedor (entre risas), estaba encantado por el ambiente que se manejaba. En el británico, todos los funcionarios almorzaban por aparte, pero cuando llegas aquí y te das cuenta que todo el mundo se junta con todo el mundo a la hora del almuerzo, era algo increíble, muy llamativo. Además del ambiente que se generaba, todo era risas y anécdotas dentro de esa grata hora además ¿quién no aplaudió cuando caía un plato al suelo?… Cada vez que vengo, siempre me asomo al comedor y me trae muy buenos recuerdos.

La Piscina también la recuerdo mucho, todas las mañanas cuando terminaba el entrenamiento de fútbol, iba y me bañaba allí. También hice parte de la banda de guerra, yo era timbas; estaba en la primera línea a la derecha.

(LC): ¿Qué profesores recuerda?

(RHOT): Me acuerdo de Olga Barragán ´Olguita` docente de química, que era la profesora más brava del colegio (risas), nos exigía muchísimo, pero eso me ayudó demasiado pues fue importante para lo que tenía en mente hacia el futuro. Huguito, profesor de matemáticas también es un gran profesor, pero sinceramente siempre fui malo para las matemáticas.

También Gustavo Moreno, nuestro profesor de Biología, no era el mejor pero la disfrutaba. El “Ovejo”, quien era mi director de grupo, me gustaba mucho su forma de expresarse, todos los lunes en la reunión semanal del auditorio daba cuenta de su léxico, me gustaba mucho hablar con él. La última excursión en Italia, aprendí mucho de él.

Y había una profesora de francés que me gustaba muchísimo, pero no recuerdo su nombre.

(LC): ¿Para usted, que es el espíritu Gimnasiano?

(RHOT): Es un conjunto de cosas positivas, el respeto, el valor hacia el otro, el apoyo incondicional. El saber que hay momentos para todo y ser fiel a cada uno de los espacios.

(LC): ¿Alguna anécdota que recuerde en el Moderno?

(RHOT): Recuerdo que el primer día en el Moderno, estaba la banda de guerra, encontré a Pablo Franco, amigo mío, me empezó a explicar sobre la banda, yo no tenía ni idea. Terminamos de hablar y me fui para el cultural, cuando atravesé la cancha, giré y vi a 15 niños de Montessori que tenían una rama y empezaron a pegarme, yo no entendía por qué. Después me dijeron que eran algo salvajes y uno no se podía meter con ellos (risas).

 (LC): ¿Cuál es la excursión que más recuerda?

(RHOT): La de Italia, que fue la última. Fue una oportunidad de poder interactuar y tener cercanía con todos los compañeros. Cuando entras al Moderno y no haces parte de las promociones que iniciaron como tal, es un poco difícil relacionarse con los que ya estaban, no tuve problemas con nadie, pero si traía otra mentalidad que era muy diferente a la manejada aquí. En la excursión tuve grandes momentos de compañerismo con todos y eso me marcó.

(LC): ¿Cómo identifica a un Gimnasiano dentro y fuera de Colombia?

(RHOT): La forma de expresar, eso siempre lo vas a identificar. El colaborar hace parte del ADN gimnasiano y la libertad de pensamiento.

(LC): ¿Cree que su paso por el Moderno definió su vida?

(RHOT): Por supuesto, amo el Moderno. Me siento en deuda con la Institución. Por eso decidí venir a dictar clases y sin darme cuenta ya llevo un año.

(LC): ¿Para usted cual es la función más importante de La Asociación de Exalumnos?

(RHOT): Unir a los exalumnos, uno cuando se gradúa pasa a otra vida, pero es importante siempre tener el momento para recordar esta etapa única. Las cualidades que cada uno tiene desde el rol que tenga se pueden potencializar y unir en pro del Moderno. Me gustan las actividades de integración que se hacen.

Sería bueno fomentar eventos de salud que impliquen todos los temas de la actualidad en ese ámbito, a modo de información.

(LC): ¿Qué consejo le da a las futuras generaciones de Gimnasianos?

(RHOT): Estudiar mucho, sea desde el área que cada uno le gustaría desempeñar y muy importante aprender a dar soluciones y mirar los problemas como una oportunidad de aprendizaje. Dedicarle el tiempo a las cosas que realmente lo necesitan y no olvidar sonreír.

JORGE TORRES VELÁSQUEZ

El equipo periodístico de La Cartelera para la edición junio, tuvo el placer de entrevistar al reconocido empresario caleño, exalumno interno de la promoción 1969, Jorge “Forzan” Torres Vásquez.

Torres estudió Administración de Empresas en la Universidad Javeriana de Bogotá. Continúo su crecimiento profesional con algunos diplomados entre ellos: Gerencia de la comercialización internacional, Manejo financiero de las bolsas, de la Universidad del Rosario y en importantes institutos en Miami. En 2013 obtuvo el título de Máster en Dirección de Proyectos, Programas y Carteras.

Actualmente Jorge Torres es Gerente General de Colcadenas Ltda, empresa familiar de tradición, galardonada como una de las mejores, por la Cámara de Comercio de Cali, Valle del Cauca, en 2019. Colcadenas lleva más de 57 años en el mercado nacional dedicada a la fabricación de cadenas en acero. Además Torres es socio de proyectos de infraestructura de gran magnitud en Armenia, Quindío y se encuentra emprendiendo otro negocio familiar de comida marina con sedes en Armenia, Pereira y Manizales.

Presentamos aquí la agradable entrevista con este importante empresario gimnasiano.

La Cartelera (LC): ¿Qué recuerda con más cariño del Colegio?

Jorge Torres Velásquez (JTV): Si le preguntas eso a un interno la respuesta será la misma y no creo que me equivoque. EL INTERNADO. Qué experiencia más maravillosa.

Llegue al colegio muy niño, recuerdo que casi todos los internos moríamos por una profesora que se llamaba Helena, tenía un cuerpo escultural. Recuerdo que los domingos yo era el encargado por parte del Padre Montalvo, de recoger la limosna en la Misa del domingo en la Capilla del colegio. A la Misa asistía una niñita muy bonita y los internos que eran como una familia para mí, me molestaban con ella, tanto así, que le tomaron el teléfono. Todas las noches me ponían de primero para llamar, en el único teléfono que había para 32 internos. Amor obligado por los internos que duró muy poco y fue un amor telefónico.

 (LC): ¿Qué profesor marcó su vida?

(JTV): Sin pensarlo dos veces, El Prof. Ernesto Bein. Él nos enseñó que para triunfar se necesita disciplina y esfuerzo como dice nuestro Himno. Podría decir que no fue la forma en que nos enseñó y educó, sino el método que uso. La sola mirada o llamado, “Señor Torres” ya se sabía qué y cómo nos diría algo. Nunca fue grosero, pero infundía un respeto soberano. Con él había un diálogo, respeto y unas órdenes que se cumplían, porque simplemente era un mandato.

Recuerdo que estando en Preparatorio el Prof. Bein, me llamó un día y me dijo: “prepare un tema que usted habla en la reunión del colegio el próximo viernes”. Yo tenía 10 años y medio. El día en el que tuve que hablar, me temblaron las piernas durante 20 minutos, que fue el tiempo que duró mi lectura, porque todo fue leído y de los mismos nervios, repetí un párrafo dos veces. Fue mi primera intervención en público, además inolvidable.

 (LC): ¿Recuerda alguna excursión?

(JTV): Me impactó la excursión a Nariño. Fuimos en bus hasta Tumaco, salimos de Bogotá a Cali, que fueron 14 horas. Después, de Cali a Pasto en una difícil carretera 12 horas y finalmente a Tumaco 9 horas. Allí navegamos hasta la isla de Boca Grande, que además tenía unas playas bellísimas. El poder compartir con los compañeros, salir en horas nocturnas en estas ciudades, conocer el volcán Galeras en la parte más alta permitida, son muchas vivencias que jamás olvidaré. Cómo eran solo ocho días, el regreso fue en avión; recuerdo un Douglas (DC-3) viejo, de una aerolínea poco conocida, volando por la selva chocoana hasta llegar a Cali y luego a Bogotá. Fue una experiencia inolvidable.

(LC): Alguna anécdota que quiera compartir.

(JTV): Muchas… pero les cuento una. El Moderno y sobretodo el Internado tenía unos genios. Al momento de llegar al Internado, el primer día, alguien salía y ponía el apodo a uno. Era algo increíble, en segundos quedabas bautizado de por vida. En mi caso particular, yo era un niño de escasos 10 años, medía 1.10 metros y pesaba no más de 40 kilos. Mi hermano ya estaba en el Colegio y en el Internado hacía dos años y ya tenía su apodo, era Pipelón. ¿Por qué Pipelón? Bueno, era el reconstituyente de la época, la publicidad decía: “Sí su niño es flaco y barrigón dele Pipelón”.Ya se imaginarán porqué le decían así.

Bueno, el año en que llegué al Internado del Moderno, a alguien se le ocurrió y me saludo diciendo: “Bienvenido Forzan”, y así me quede de por vida. Hoy en día, cuando un interno, sobretodo Chispas (Luis F Gómez) o el Pájaro (Álvaro Gutiérrez), me llaman a la oficina siempre preguntan por Forzan. Ya mi secretaria aprendió, pero al principio decía: “está equivocado”.

(LC): Para Ud., ¿qué es el Espíritu Gimnasiano?

(JTV): El Gimnasiano se siente orgulloso de su colegio. Nosotros, después de tantos años todavía nos reunimos. Tengo compañeros que no pasa una semana sin que hablemos. El gimnasiano es sentido de compañerismo. Nosotros somos  bachilleres de una institución con unos principios fundamentales para la buena convivencia. Estudiamos en un colegio con fundamentación liberal, distinto a libertinaje, con ideas de avanzada. Somos personas de bien, en su gran mayoría, (hay ovejas negras como en toda familia) pero somos personas  de bien, con un claro sentido de responsabilidad y algo en especial, somos compañeros de siempre. Amamos la constancia y el esfuerzo, profesamos un culto a la verdad; como las aves bajo el dombo inmenso vamos cantando en pos de un ideal, como dice una estrofa de nuestro bello Himno.

Los estudiantes y las personas que tuvieron la oportunidad de pasar por el Moderno nos sentimos orgullosos. Actualmente vivo en Armenia, que es mi tierra, y cuando hablo con amigos paisanos, con mucho orgullo digo que estudie en el Gimnasio Moderno, de lo cual somos muy pocos los Quindianos que tuvimos esa posibilidad. Cada vez que voy a Bogotá y pasó por el Colegio digo «ese es mi colegio”. Lo digo con alegría y con mucho cariño. 

TOMADO DE: https://www.ccc.org.co/revista-accion-ccc/encadenados-a-la-calidad/

Me quedó marcado el legado de don Agustín, el refinado Rector y del Prof. Bein el mensaje de la disciplina, cumplimiento y el deber de educarnos para servir a toda una comunidad para poder vivir con la conciencia limpia y eso he hecho en mi vida. El sentido de pertenencia que me enseñaron los profesores aún sigue vivo. 

(LC): ¿Cree que su paso por el Moderno definió su vida? ¿Por qué?

(JTV): Mi respuesta es un SÍ en mayúsculas. Cómo no reconocer que los aprendizajes en el colegio y la convivencia en el Internado, fueron vitales para mi formación. Yo madure “viche” como decía mi abuela, y es cierto porque convivir a mi edad (10 años) con grandes, ver como interactuaban, como desarrollaban sus actividades, compartir con ellos de frente, en fin… ser parte de ese grupo, me enseñó cómo vivir y cómo abrir camino en la vida.

(LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(JTG): No olviden nunca el legado del colegio, siga los principios que nos enseñan  pero ante todo, sean auténticos, puede que uno no sea popular por el modo de ser, pero siempre que seas tú mismo nada tiene límite. Eso lo aprendí en el moderno. Igualmente se puntual, siempre en todas las actividades. Eso es respeto con la gente y contigo mismo. Nunca deje nada a medio camino, fíjese metas y lógrelas, hay veces el camino es tortuoso pero en la vida nada es fácil. Si necesitas apoyo pídelo, los mayores tienen algo que los jóvenes no tienen EXPERIENCIA. Por último nunca dudes de ti, si cometes errores encuentra no un fracaso, sino una oportunidad y una enseñanza.

FERNANDO GÓMEZ BAQUERO

El Ingeniero Industrial y Economista de la Universidad de los Andes, con maestría en Ingeniería a Nano escala de la State University of New York, donde también terminó sus estudios de doctorado. Fernando Gómez Baquero exalumno de la promoción 1996, ofreció una entrevista exclusiva al equipo de La Cartelera, en días pasados.

Gómez Baquero se autodefine como un nerd muy energético y, sobre todo, emprendedor incansable. Se ha desempeñado como mentor de compañías que trabajan temas de innovación digital, nuevos materiales para el transporte, creación de mejores vehículos eléctricos, mejora de la energía eólica y solar, uso de redes sociales para agradecer, entre otros muchos emprendimientos. Se ha especializado en materiales de almacenamiento de energía novedosos, económicos y análisis de políticas de nanotecnologías, métricas de ciencia e innovación, emprendimiento en ciencia y tecnología, comercialización de investigación académica.

Es básicamente un científico. Se concentra en la investigación de materiales inorgánicos nanoestructurados para aplicaciones en baterías, emprendedor de empresas en energías renovables, director de los programas de emprendimiento de Cornell University en el campus de tecnología en New York City llamado Cornell Tech y director de emprendimiento de Jacobs Technion-Cornell Institute que es la colaboración de Cornell Tech con la Universidad Tecnológica de Israel (Technion).

Presentamos aquí la entrevista:
La Cartelera (LC): ¿En qué año entró al Moderno?

Fernando Gómez Baquero (FGB): Yo entré al Moderno en el año 1984. Tengo recuerdos muy bellos. Era muy pequeño y me costó trabajo hacer amigos al comienzo, era muy tímido hasta grande. Gracias a mis amigos y a un profesor perdí la pena.

Recuerdo con mucho cariño a la comunidad, estudiantes, empleados y profesores. Años después de salir del colegio es cuando uno se da cuenta lo única que es la familia del Gimnasio Moderno. Mis amigos y la gente que trabajó en el Colegio son mi familia. Mi transcurso por el Moderno me dejo amigos con los que actualmente tengo comunicación y no sólo eso, si no los valores y los principios que me dieron, como si fuera mi casa.

(LC): ¿Recuerda algún profesor de sus primeros años de colegio?

(FGB): La verdad no recuerdo quién era mi profesora de Montessori, pero siempre me acordaré de María Helena Amador que desde que tengo memoria recordaba mi nombre y apellidos, e igual lo hizo con miles de estudiantes que pasaron por el colegio. También recuerdo mis profesores de Primaria y Bachillerato, recuerdo sus rostros, eran muy humanos, me exigían y esa disciplina es lo que me arraiga hoy en día.

No me enamoré de ninguna profesora. Creo que mi amor en el Colegio fueron las materias: Química, Cálculo, Filofísica. Y un desamor por la Educación Física del que me arrepiento porque ahora sé lo importante que es.

Me marcaron muchos profesores. Siempre recordaré los tableros perfectos del profesor Triana, el equipo titular de Obonaga, el banco de datos de Gerardino, las clases de música de Marta, Nohra y Manduco, y todos los demás que me dieron un poco de su conocimiento de manera abierta y generosa. Les tengo gratitud a todos.

(LC): Las excursiones son muy importantes para los gimnasianos. ¿Recuerda alguna?

(FGB): Claro. Sin duda la excursión a Ciudad Perdida. Fue una caminata por días, nos tocó dormir en hamaca, ver animales que nunca había visto, y conocer una de las muchas maravillas que tiene Colombia. Siempre me hará recordar lo increíble que es nuestro país. En general me encantaron todas las excursiones. Tuve la oportunidad de ir a la mayoría y es algo que recuerdo con mucho amor y que me hace crecer como persona, el haber y seguir conociendo a mi bella Colombia.

(LC): Además de la ingeniería, la música también estuvo en su vida…

(FGB): Los últimos años del colegio tuve la fortuna de tocar saxofón con una banda que Manduco armó: Mango Bongo. Esa banda me ayudó a ser menos tímido y me gustaba mucho. Desafortunadamente, al tener que prestar servicio militar, y dejé de tocar en Mango Bongo. Luego de un tiempo ese grupo se convirtió en el ya conocido Mauricio y Palo de agua. Así que por el ejército me perdí la oportunidad de ser una superestrella de la música tropical.

(LC): ¿Cree que su paso por el Moderno definió su vida?

(FGB): Por supuesto. Siempre pienso que sería una persona diferente si hubiese estado en otro colegio. Y pienso que la mayor cualidad del Gimnasio es su capacidad de enseñar la parte humana, lo que va más allá de lo académico. En el Gimnasio aprendí que lo que hago día a día tiene un impacto más allá de mi mismo, y que debo ayudar a las personas que me rodean.

Los Gimnasianos somos una familia. Siempre me impresiona que cuando conozco a un Gimnasiano es como si estuviese hablando con alguien de mi familia, con los mismos valores y visiones. No importa en qué lugar del mundo, nuestra familia siempre se conecta y se ayuda. La enseñanza y los valores que nos dieron en el Moderno son esos principios que nos formaron desde nuestra niñez y adolescencia que hoy en día valoramos y los ponemos en práctica.

(LC): Para Ud., ¿qué es el Espíritu Gimnasiano?

(FGB): El Espíritu Gimnasiano es la idealización de lo que significa ser una persona que contribuye a la sociedad, que se preocupa por su comunidad y que se esfuerza por ser mejor, cada día. Sentido de pertenencia, compañerismo y responsabilidad social es lo que un Gimnasiano porta cada dia y que fácilmente se puede conocer entre nosotros nos gimnasianos.

(LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(FGB): Que tomen la ética y el espíritu de colegio y la usen para conectarse con el mundo. En Gimnasiano no es bueno porque esté en el colegio, sino porque usa sus conocimientos para mejorar el mundo. Y que cuiden y ayuden a toda la familia Gimnasiana.

FRANCISCO ESCOBAR ONOFRE

En días pasados Francisco Escobar Onofre de la promoción 2011, ofreció una grata entrevista para La Cartelera.

Francisco Escobar durante sus años en el Gimnasio, se destacó por ser el primer Secretario General del Modelo de Naciones Unidas del colegio, y por participar como parte del Comité Aguilucho. Luego de sus años en el Moderno estudió Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, y Gobierno y Asuntos Públicos en la Universidad de Los Andes, donde su tesis de grado recibió la distinción Summa cum Laude. En la actualidad Escobar se desempeña como parte del equipo del Ministerio de Vivienda en el cargo de asesor del Director del Sistema Habitacional, y planea estudiar una maestría fuera del país y a largo plazo regresar vincularse al sector público.

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿En qué año entró al Moderno?

Francisco Escobar Onofre (FEO): Entre al Gimnasio Moderno en el 1998, a mitad de año porque cuando mis papás me presentaron tenía tres años entonces por directrices del colegio me tocó esperar a cumplir 4 años para poder entrar.

Para mi estudiar en el Moderno fue definitivo en mi formación como ser humano. Quizá lo que más agradezco hoy en día es que el Gimnasio me dio la libertad para descubrir lo que me apasionaba y la flexibilidad para invertir mucho tiempo en ello. Y creo que es algo característico a mis compañeros. En el Moderno se entiende que cada cual debe encontrar su pasión y que una vez identificada, se apoya a sus estudiantes a ser los mejores en eso que los llena.

(LC): ¿Qué profesor marcó su vida? ¿Por qué?

(FEO): ¡Hubo muchos! Recuerdo mucho a mis Directoras de Grupo de la Segunda Sección –entonces era Tercero, Cuarto y Quinto de Primaria-, creo que todas ellas me ayudaron a confiar en mis capacidades y compartir mis pensamientos sin temor. En Bachillerato recuerdo a Lleras, a Julián Saad -fue 5 años mi profesor de cine-, a Juan Sebastián Hoyos a quien le guardo un gran cariño y Patricia de Bedout, ella me introdujo en el tema de los Modelos de Naciones Unidas que me gustan tanto. No estuvo mucho en el colegio pero siempre mantuvimos contacto, también la recuerdo con mucho aprecio. Todos ellos me marcaron mucho por sus lecciones, las académicas claro, pero sobre todo las humanas. Aprendí de sus conocimientos, pero creo que los recuerdo más por las cosas que aprendí de su humanidad, de la forma como se comportan, como se aproximaban a sus pasiones.

En Montessori I fue Ángela Borda. Una mujer muy amorosa, incluso cuando estábamos en once nos llamaba a todos por el nombre. En Montessori II fue Luisa Amaya -me parece que era su apellido-, había sido profesora del colegio muchos años pero acababa de volver a Colombia de Londres donde había vivido. Creo que luego de nuestro año se volvió a retirar. En Montessori III fue Carmencita Barreto, también guardo lo mejores recuerdos de ese año. Recuerdo con gran afecto cada una de las profesoras de Montessori y en general, también las demás profesoras de los demás años.

Me enamoré de Michaela Ayala, era una ecuatoriana –casada por desgracia-. El marido era diplomático y lo habían trasladado a Colombia, ella llegó a ser profesora de inglés. Divina ella.

No me acuerdo de la primera palabra que escribí, pero si recuerdo mucho las lecciones de escritura. Particularmente me acuerdo que Carmencita Barreto, quien me dijo alguna vez que yo podía hacer mejor la letra y desde entonces me concentré mucho en tener una buena caligrafía. Todavía estoy atento a que lo que escribo se pueda entender bien.

(LC): ¿Recuerda alguna excursión en especial?

(FEO): Recuerdo mucho la excursión a La Guajira en Octavo. Al final de la semana, estaba pasando una tormenta tropical cerca de la Costa Caribe de Colombia precisamente en la península. Nosotros dormíamos en las rancherías, en hamacas. Una noche el viento fue tan fuerte que todos nos levantamos casi volando de la hamaca. Salimos corriendo a una casita que había y dormimos como 25 en un cuarto de no más de 10 metros cuadrados. Nos tocó ensanducharnos ahí.

(LC): Alguna anécdota que quiera compartir…

(FEO): Cuando estábamos muy pequeños, en Montessori II, a unos amigos y a mí nos gustaban mucho los carros. Nos la pasábamos en el parqueadero viendo los modelos, las marcas, colores, bueno todo. Un día, no sé por qué, nos dio por entrar a la sala de profesores y buscar en la cartera de nuestra profesora las llaves de su carro. Se las llevamos para que nos lo mostrará y a ella, evidentemente, no le gustó ni cinco nuestra ligereza. Se puso furiosa. Hoy en día nos da risa de que fuéramos tan atrevidos.

(LC): Para usted, ¿qué es el Espíritu Gimnasiano?

(FEO): Es la forma como el Moderno se inculca a sus estudiantes la responsabilidad de hacer lo que consideramos correcto en cualquier circunstancia y a pesar de las presiones. Es una invitación constante a actuar de manera ecuánime pero con sinceridad y convicción. Ahora, también debe suponer una constante autocrítica, a evaluarse periódicamente y concluir que podría ser mejor, también es un compromiso a ser disciplinado para lograr objetivos.

Estos principios sin lugar a dudas son universales, pero en el Gimnasio los han bautizado para su propio modelo pedagógico y eso me parece muy importante; es el componente moral al que le atamos todos los que hemos pasado por allá.

Creo que todos de una forma u otra somos personas extrovertidas –simpáticos si se quiere- seguros de nuestras convicciones, apasionados por el rollo en el que andamos y muy conscientes de los buenos modales. Tratamos de hacer muy bien lo que nos gusta y eso se les nota a las personas. A pesar de ser una comunidad muy heterogénea, creo que esas cosas nos son transversales a todos.

(LC): ¿Cree que su paso por el Moderno definió su vida? ¿Por qué?

(FEO): Sí, definitivamente. Mi aproximación a la vida, mi consciencia del estado de las cosas, la forma de relacionarme con las personas, en fin, todo lo que “la casa” le forma a uno. Ese estribillo de que “el colegio es el segundo hogar” es una realidad, así como la casa lo marca a uno en manera que incluso desconocemos, creo que el paso por el colegio también lo forma a uno en detalles de los que no somos conscientes. Pero de lo que sí tengo presente puedo decir que en gran medida forjó el ser humano que soy hoy. No podría dar una sola por qué, hay muchos, tantos que se le pierden a uno los más evidentes.

(LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(FEO): Que disfruten mucho el colegio, sobre todo a los amigos que serán para toda la vida. Que se metan en todas las extracurriculares que puedan, que exploren todas las posibilidades que están a sus manos y aprovechen que su colegio les patrocinará lo que les guste. Que cuando salgan sigan con el mismo entusiasmo y con mayor disciplina. Algo muy característico del Moderno es la vocación por salir a retribuir y a construir. Construir una mejor familia, unos mejores amigos, una mejor sociedad y un mejor país.

ALEJANDRO ESCALLÓN

 

En esta edición de La Cartelera presentamos al exalumno de la promoción 1975, Alejandro Escallón Lloreda, médico de la Universidad Rosario, e investigador de la Universidad de Miami y de la Universidad Mount Sinai, Medical Center de New York, Estados Unidos. En la actualidad, Escallón además de atender en su consultorio particular, es presidente de la Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Educación Especial, FIDES, cargo que ha ejercido desde 1998.

Aquí la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Cuál es su primer recuerdo del Moderno?

Alejandro Escallón LLoreda (AELL): Soy Gimnasiano de toda mi vida, desde Montessori hasta Grado Sexto. Me gradué en el año que se murió don Agustín, por lo que cargué el ataúd. Fue una ceremonia muy linda en la que los estudiantes de último año entramos al colegio y nos arrancamos el escudo, para después lanzarlo a la tumba, mientras cantábamos el Himno del Colegio, en el momento en el que bajaba el féretro de don Agustín. Fue un momento muy emotivo.

(LC): ¿Se acuerda de su primer momento en el Gimnasio?

(AELL):  Si, cuando llegue sentí terror y pánico. Me daban pánico todos mis compañeros, lloraban, pataleaban, yo no conocía a nadie y me decían que no podía llorar. Pero como es lógico, poco a poco me fui integrando. Entré a Montessori. El Moderno de ese entonces era un colegio que permitía que cada uno construyera su mundo, sus cosas. Muy interesante, estoy muy agradecido estoy con el Gimnasio por eso.

(LC): ¿Se acuerda de sus profesores?

(AELL): Sí, de casi de todos. Fanny Pinilla fue la primera. Después Cielo Duque, quien fue voluntaria FIDES, y Cristina Esguerra. Alba Rubio, a quien me la encuentro todavía. Ella era muy estricta, pero gracias a ella entendí que se necesita mano fuerte en Quinto de Primaria, año en el que los muchachos son rebeldes y necesitan que los eduquen y organicen. Todas ellas me dieron lecciones no solamente académicas, también humanas. En Primero de Bachillerato conocí al profesor Pinzón Barrera, quien nos tenía la ortografía a raya, nos hacía dictados todos los días y gracias a eso, hoy, además de todo lo que hago, escribo para un periódico para pacientes, y estoy feliz escribiendo. Después vinieron los profesores Prieto y Cortés. Los recuerdo con inmenso cariño.

(LC):  Cuéntenos sobre sus amigos…

(AELL): Yo era poco amiguero. Mi mejor amigo de ese entonces fue José Gabriel Samper Pizano, que falleció cuando salimos del colegio. Él fue mi mejor amigo, lo recuerdo como una persona muy simpática, alegre, que cantaba, era bueno en Sociales e Historia. Yo era bueno en Matemáticas, me hacia adelante de él en el salón, para que se copiara en todos los exámenes y él me soplaba todas las respuestas de Cívica. Pasábamos juntos en todo momento, en los recreos, en los exámenes, yo creo que el Bachillerato lo hicimos entre los dos.

(LC): Es tradición en el Moderno las excursiones ¿recuerda alguna?

(AELL):  Fui a todas las excursiones del colegio, en la primera fuimos a los Llanos Orientales. El año siguiente recorrimos con el profesor Pinzón Cúcuta, Bucaramanga y Boyacá. El siguiente año con el profesor Zúñiga conocimos Cali, Popayán, Tierradentro y San Agustín. Esa fue una excursión muy interesante, muy bonita. En Tercero de Bachillerato con el profesor Triana Beltrán nuestro destino fue Cartagena, Tulum, Medellín y Manizales, encantador. La excursión de Cuarto de nuevo fue a los Llanos Orientales pero esta vez a Caballo. Afortunadamente, llevé mi equipaje, mi silla, mis riendas y todo, me fue muy bien, dormimos en hamaca, perdí bastantes kilos de peso por la mala comida. Una experiencia que recuerdo con cariño. La última excursión fue al Parque Tayrona donde acampamos.

De todas, la que más me impactó fue la de los Llanos, una experiencia totalmente diferente a todas.

(LC): ¿Es fácil identificar a un gimnasiano?

(AELL): Yo creo que sí. He conocido gimnasianos extremos, inclusive hace un par de años conocí una persona importante que no tuve que preguntarle si era gimnasiano, tenía los botones del saco con el escudo del Gimnasio. Los gimnasianos de pura raza adoran a muerte el colegio, y se reúnen, piensan, hablan y respiran por el Moderno. Pero hay otros, que se notan por la forma de ser. El Gimnasio imprime un carácter, que es difícil de describir, pero es fácil de ver. Muchas veces sólo un gimnasiano entiende cómo es uno. La forma de ser, de comportarse, de saludar, de dar la mano, son una impronta, un sello indeleble que le ponen a uno en 13 años de colegio. Eso es el espíritu Gimnasiano, es una cosa que yo no lo podría describir pero que se siente.

(LC): Ahora bien, ¿cómo un médico urólogo se vincula a FIDES?

(AELL):  Mis padres ayudaron a fundar FIDES. La Fundación fue creada por un grupo de familias que tenían hijos con discapacidad cognitiva con el único objetivo de ayudar a todas las personas con esta condición en el país, con educación, rehabilitación, habilitación y terapias. Empezaron a hacer los proyectos y obviamente los hijos de los fundadores nos fuimos involucrando. Me enamoré de la entidad. Yo empecé cuando estaba en el colegio, primero como fotógrafo, luego repartía los refrigerios, después limpiaba los baños, etc.

En 1988 cuando era médico graduado y residente de urología pase por el Moderno y hablé con don Guillermo Quiroga, vicerrector del momento  y le conté que queríamos que los estudiantes fueran voluntarios de un proyecto con niños especiales, en entrenamiento y capacitación. Todo el Consejo Directivo aprobó la iniciativa y empezamos un proyecto que lleva 32 años y ha sido pionero a nivel nacional y un ejemplo importante a nivel mundial, un colegio de estrato seis en Colombia, haciendo una labor social con los estudiantes. Estamos cambiando filosofías, cambiando mentalidades.

Una vez llevamos a un grupo de gimnasianos a unas olimpiadas en Medellín y vimos que los muchachos se levantaban a las dos de la mañana a lavar, a bañar, a cambiar a los niños. Nosotros vimos que este proyecto ha cambiado y ha madurado con el paso de las generaciones.

Hoy en día estamos más involucrados con el Moderno, hay un estudiante con Síndrome de Down en el colegio. Apoyamos al Rector, a los docentes y a los de psicología para que su proceso de inclusión sea exitoso. El niño y sus papás están felices.

 (LC): Para terminar ¿qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy?

(AELL):  El mismo consejo que le dio la mamá a Juanes, el cantante: «La vida es un ratico». Así que aprovechen al máximo lo que pueden hacer con su vida, en un parpadeo van a ser adultos y ya no van tener el tiempo para disfrutar. Hay tantas cosas por hacer, les digo que aprovechen, viajen, hagan cosas diferentes, aprovechen a hablar con sus maestros y sobretodo que AYUDEN.

JUAN PABLO LIRA

Durante el quinquenio de la promoción de 1968, tuvimos la oportunidad de hablar con Juan Pablo Lira Bianchi, importante diplomático chileno con amplio recorrido. Aunque nació en Chile, desarrolló gran parte de su carrera profesional en Colombia.

Llega a cuarto de Bachillerato en el Gimnasio Moderno, pues su padre fue nombrado embajador de Chile en nuestro país. Empezó sus estudios de Derecho en la Universidad Javeriana mientras que su padre terminaba su labor como Embajador, entonces regresó a su país donde continuó estudiando en la Universidad Católica. De allí salió más no se graduó, debido al golpe de Estado que sufrió el país austral en 1973. Dentro de sus estudios se destacan: Licenciatura en Jurisprudencia en la Universidad Central de Ecuador y una Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Chile. Ha trabajado en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, ha sido Embajador de Chile en Colombia, Perú y Ecuador, además Representante ante la OEA. Hoy por hoy trabaja como Director de la Agencia de Cooperación Internacional de Chile.

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): En el momento en que su pie tocó La Raqueta por primera vez ¿qué sintió?

Juan Pablo Lira Bianchi (JPL): Miedo a lo desconocido, inseguridad. Yo venía de un colegio en Chile en el cual había estado por 7 años y por consiguiente sentía mucho temor. Me correspondió ser compañero de Ernesto Samper que después fue Presidente de la República, somos de la misma promoción y estuvimos juntos en La Javeriana. Felipe Guhl un gran biólogo, también el astrónomo famoso Puerta. Era un curso super normal, pero tuvimos una desgracia; estábamos en quinto o sexto de bachillerato, no lo recuerdo bien y un compañero de la otra sección murió asesinado en un asalto en la calle. Él venía de La Guajira, fue una cosa muy fuerte. Pero era otra Colombia, fuimos a Santa Marta en tren dos veces, cosa que después durante mucho tiempo no se pudo hacer por la seguridad.

Mi padre venía con sus hijos a Colombia y no dudó un minuto en que los varones vinieramos al Moderno. La verdad es que fue una cosa maravillosa porque la casa nuestra estaba en la carrera 12 con calle 71, por consiguiente caminábamos todos los días sin ninguna dificultad. Obviamente mi manera de hablar era graciosa para mis compañeros colombianos, pero además había gente que venía de Panamá a estudiar acá, gente que venía de Nicaragua y por supuesto mucha gente de otras ciudades de Colombia; gente de la Costa Atlántica, de la zona cafetera.

Llegue de Chile en cuarto de Bachillerado de un colegio católico a uno laico, con libertad de pensamiento, en el más amplio sentido de la palabra, -entendiendo que eramos unos mocosos y hablábamos cosas de no mayor complejidad – donde además había una mezcla de seres humanos que venían de diferentes lugares de Colombia y de América Latina. Y la forma como don Agustín y el Prof. Bein, nos daban una educación tremendamente libertaria, en ningún caso habría ninguna cosa impositiva, entendiendo que las normas se cumplían, que la campaña se tocaba y había que entrar a clases, que si metías la pata pagabas por eso. Naturalmente estaban vivos Don Agustín y el ‘Prof’ Bein, hacíamos paseos a Tabio, fuimos al Nevado del Cocuy cuando hicimos el viaje de final de colegio. Fue espectacular, una zona de Colombia que muy pocos colombianos conocen: las nieves y los hielos eternos, que ahora con el cambio climático me imagino que están desapareciendo.

(LC): Los profesores… ¿De quién se acuerda?

(JPL): Mi profesor de inglés, que uno lo mira ahora con el tiempo y piensa que ojalá el colegio hubiera tenido más profundización en idiomas, porque la verdad es que salíamos sin saber nada. Mi profesor de Historia, el profesor Quiroga era un tipo extraordinario, un cientista social en el más profundo sentido de la palabra. Mi profesor de Física, que por supuesto, ni esa, ni la Matemática eran mis materias, era un burro en eso. Pero al final del día todo era llevadero, hacíamos grupos de estudio, a los que íbamos atrasados en algunas materias nos ayudaban otros compañeros y nosotros a su vez ayudábamos a los otros en otras materias. Entonces nos sentimos siempre muy cómodos y bien acogidos, porque así fue la vida.

Siempre fui un muy buen atleta, era lanzador, era buen corredor y buen saltador, la foto que tengo en El Aguilucho de aquella época me sorprende porque hoy en día veo esto y me parece algo hiper moderno, en ese momento eran unas cosas muy elementales. La pista de atletismo normalmente tenía hoyos, La Raqueta también, hoy en día es otra cosa, pero eso no hacía menos el colegio.

Ibamos a Tabio, con el Prof Bein. Nos íbamos los viernes, y a nadie se le hubiera ocurrido tener el menor pensamiento negativo de que porque íbamos con un profesor o vicerrector del colegio iban a ocurrir cosas extrañas. Efectívamente tomábamos «aguardientico». Éramos unos mocosos de 15-16 años, fumábamos, cosa la cual lamento profundamente hasta ahora, porque me costó mucho dejarlo. Andábamos a caballo, disfrutábamos de esa Colombia agrícola, en cada puesto había un trozo de queso, un trozo de pan, almojábanas o arepa; cosas que uno no volvió a ver nunca.

(LC): ¿Y los amigos… ?

(JPL): Cuando se me producen las cuestiones en mi vida personal, por situaciones políticas en Chile, yo ya estaba ennoviado con quien fue mi señora ecuatoriana, porque su padre era diplomático ecuatoriano en Chile. Pero lo lógico hubiera sido que yo me hubiera venido a Colombia. Yo creo que la explicación es de pronto que yo estaba derrotado y no quise venir derrotado.

Del año 1994 al año 1997 fui embajador de Chile en Colombia, y ahí me reencontré con mis amigos del Gimnasio, además me casé con una colombiana en Bogotá y los testigos, para lo bueno y para lo malo, fueron ellos.

Tomado de: Pablo Lira (@PabloLira3) | Twitter

Cuando fui embajador en Bogotá, en el Palacio de San Carlos había gente más joven del colegio. Es más fácil trabajar con ellos porque se da una conversación espontánea, natural, de cosas que nadie más entiende; La Raqueta, la vuelta al colegio, lo que era don Agustín, son cosas que nadie más entiende. El mismo hecho de ser exalumno del Moderno, para mí ha sido una muy buena carta de presentación con mis colegas diplomáticos colombianos en 30 años de historia profesional.

Estando en esta vida bogotano/gimnasiana, yo era un muchacho de 14-16 años, me gradué muy joven. A diferencia del resto de mis compatriotas chilenos, aquí me enseñaron a bailar. Esto ha permitido que mi relación con Colombia, más allá de que mi esposa sea colombiana, es algo que me fluye con mucha facilidad.

(LC):¿Cuál era el lugar que más le gustaba del Moderno?

(JPL): Yo tengo un problema con todo lo que tenga que ver con la ornitología, me encanta la crianza de pájaros y por supuesto recuerdo a las palomas. Con todo lo bueno y malo que tienen las palomas, porque transmiten enfermedades, tienen un poquito de mal olor. Pero el lugar del colegio que más me gustaba indudablemente era el Palomar. Y el coliseo, las fiestas, la graduación, los partidos de voleibol, los días que llovía, eran allí.

(LC): ¿Recuerda alguna pilatuna que haya hecho con sus compañeros?

(JPL): Lo relacionado con la ingesta de alcohol, brutalidades que algunas no se pueden ni contar. Pero en general cosas de muchachos, normales, barrabasadas, algunos viernes íbamos aquí a la Séptima con Avenida Chile, habían unos bares de quinta y ahí vendían guarapo y tomábamos. Pero en el colegio no, en general éramos muy juiciosos. No me acuerdo el por qué, pero sí recuerdo que en Sexto de Bachillerato hicimos una huelga, una cosa bien compleja que no recuerdo exáctamente el por qué fue. Pero sí recuerdo que expulsaron a unos compañeros y después como consecuencia de este forcejeo nos graduamos todos.

(LC): ¿Era buen estudiante, sacaba buenas calificaciones?

(JPL): El premio al mejor alumno lo ganó Ernesto Samper, no existía esa competencia que es tan propia del mundo de hoy, que todo es puntaje, todo es correr y competir. Hacíamos deporte, jugábamos fútbol, hacíamos atletismo o jugábamos voleibol. Era siempre muy buena disposición.

(LC): ¿Qué es para usted el espíritu gimnasiano?

(JPL): Básicamente es la lealtad, el compañerismo, jugar siempre con cartas limpias y abiertas, naturalmente hay excepciones, es imposible que no las haya porque así es la naturaleza del ser humano. Yo recuerdo eso como algo muy fuerte, es una impronta que te queda marcada.

(LC): ¿Cree que el Gimnasio Moderno le marcó la vida profesional y/o personal?

(JPL): Mis últimos tres años, donde además uno está en la pubertad, estás empezando a ser -en mi caso- varón, te marca en muchos aspectos. Por supuesto eso es definitorio, el hecho de haber estado en el colegio y de venir a donde vengo a mis cincuenta años, no es casualidad, es porque siento una gratitud, tengo un reconocimiento, veo acá cuestiones que me son absolutamente simbólicas. Aquí hay algo que me importa y me interesa mucho.

(LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(JPL): Fundamentalmente me estaría refiriendo a colombianos chiquitos, jóvenes; decirles que tienen un país espectacular, que la paz hay que cuidarla y conservarla. Me dio mucho gusto cuando ayer llamé y escuché a un niño que termina la llamada o el call center del colegio diciendo algo así como: «en el Gimnasio Moderno estamos trabajando por la paz», eso es decir: «¡wow, estoy en Colombia!. Básicamente, que tengan dedicación, transparencia, honestidad, que son principios que entrega el colegio y no es que lo machaquen todo el día, sino que te los van entregando en el conjunto de información que te van brindando. Eso por supuesto no es una cosa que sea exclusiva del Gimnasio Moderno, son principios generales que te da la familia, que te da el colegio y que te da el entorno, y eso ayuda muchísimo a la vida.

DIEGO ERNESTO TORRES GÓMEZ

Originario de Manhattan, New York y exalumno de la promoción de 1946. Diego ha hecho un recorrido académico y eclesiástico bastante amplio. Desde que salió del Gimnasio Moderno, inició su vida académica, pasando por importantes claustros como la Universidad de Los Andes, la Universidad de California, la Universidad de Pamplona en España, George Washington University, entre otras. Adelantando estudios en filosofía, teología, enseñanza de idiomas en 1969 en The American University; siempre con el objetivo de difundir la palabra de Dios cuanto sea posible. Ahora reside en Cali en donde, después de un robusto recorrido por el mundo -y por Colombia-, cumple una importante labor pastoral. (El documento completo, escrito por Diego está adjunto en PDF).

En esta ocasión, el equipo de La Cartelera recibió del padre Diego Ernesto Torres Gómez promoción xxx, un documento en el cual condensa sus más profundos pensamientos y sentimientos hacia el Gimnasio Moderno, además de muchas enseñanzas de vida que generosamente nos brinda.

Aquí algunos apartes de su prólogo:

«Para enriquecer este prólogo de Compañerismo Gimnasiano y Buen Carácter, me atrevo a ofrecerles las palabras vivas, humanas y sobrenaturales de alguien que ha recibido el papel de ser Cristo en nuestro tiempo. Son palabras, explicaciones claras, testimonios personales que nos ayudarán a  observar una vida, no solo física, temporal sino también ética y espiritual».

«Estas notas que quiero destacar no son todas las que pueden conformar un modelo de santidad (excelencia), pero son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual. La primera de estas grandes notas es estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31)…»

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): ¿Qué es lo que más recuerda del colegio?

Ernesto Torres (ET): Lo que más recuerdo con cariño y agradecimiento del Colegio, aunque es algo que he venido a comprender con los años, es el aprecio a las personas o los encargados del Comité de Admisiones, que acogieron y aceptaron mi ingreso al internado y como alumno al Montessori en 1935. Uno de mis hermanos, Oscar Torres Gómez estaría terminando el Bachillerato ese mismo año, lo que facilitó -a mis 7 añitos- iniciar mi aventura gimnasiana.

El cariño especial al Colegio, no podría separarlo del aprecio profundo a mis Padres. Siempre me he asombrado y agradecido de éste hogar iniciado en un pueblito, fundado en una cuchilla montañosa, en la primeras laderas de la Cordillera Central colombiana y a lo largo de la orilla izquierda del caudaloso Río Cauca. Aquí, el río ha terminado su recorrido de varios kilómetros, a través del fértil y ancho Valle del Cauca.

En este momento el hermano menor de mi padre, Agustín Torres Palau, le escribe a mi padre y le propone una “aventura” inesperada para estos pueblerinos o Belalcazaristas:

-“Enrique, piénsalo, te escribo desde la ciudad de New York, esto es algo maravilloso. Organiza con el banco donde tienes tus fondos de ganadería, negocio de siembra, cosecha y venta de café, para que periódicamente te envíen un buen capital. Por lo menos vente con tu familia por una buena temporada, yo conozco, en los clubes sociales de New York, personas muy emprendedoras, con las que podrías asociarte para tus negocios”.

No sé cómo se enteró mi padre y pidió la admisión de sus hijos varones en el Gimnasio Moderno en los años 30 y mi ingreso Interno al Montessori en 1935. El cariño y agradecimiento especialísimo inicial, será siempre para mis padres que buscaron, encontraron, iniciaron y complementaron, en el Gimnasio Moderno la formación de mi carácter, mi voluntad y conocimientos básicos de mi personalidad. Simultáneamente al Comité de Admisiones de esa época, al aceptar y querer ofrecer su colaboración en la formación integral de este nuevo Niño.  

Este gimnasiano, se atreve a preguntar. ¿Por qué no hemos tenido una ESCUELA de FAMILIAS? Desde hace unos años, no sé desde cuándo, se inició la actual ASOCIACIÓN de FAMILIAS, pero ESCUELA de FAMILIAS -que yo sepa- nunca hemos tenido en el Moderno. ¿Será en este II Centenario y Nuevo Milenio cuando se iniciará esta Escuela y así con la característica del Moderno, actual, vivo pero con cimientos sólidos, firmes, enraizado en la dignidad humana como “imagen y semejanza” de su Padre y Familia Trinitaria. Perdónenme si de vez en cuando en mi alma Neoyorquina, Bogotana, Romana, Gimnasiana, Católica, Sacerdotal se me note.

(LC): ¿Cuál fue su profesora del Montessori?

(ET): No recuerdo. En Decroly recuerdo a Carmencita como Directora del curso 1º, e “Inesita” para la preparación de la primera comunión el 29 de junio de 1936.

(LC): ¿Se enamoró de alguna profesora? ¿Cuál fue su primer amor?

(ET): Vagamente recuerdo mi especial aprecio y atractivo en Decroly a la profesora que venía a darnos clase de Dibujo. En cuanto primer amor eran varios, simultáneos. Como dos de mis hermanas menores que yo, iniciaron sus estudios con Doña Celia en el periodo que el Gimnasio Femenino dio origen al Nuevo Gimnasio de donde eran alumnas, este corazoncito no tenía tiempo para una “semillita” que echara raíces en esos comienzos de la pubertad.

Entre esos “amoríos primarios veloces”, recuerdo la emoción tan grande que experimenté cuando entre a la casa de uno de los alumnos del curso superior al mío, -a cuadra y media del Moderno- y una de sus hermanas de mi edad, que me entusiasmaba, llegó en ese momento de su colegio femenino y me invitó a jugar pin-pon. Yo no había estado con ella. Era tanta la alegría de estar con ella que ganó el partido de pin-pon.

Aprovecho en estas confidencias de gimnasiano con gimnasianos para confiarles y “mostrarles” -ojalá sea así- la riqueza de aquellas palabras “revolucionarias” de nuestro maestro y salvador Jesús: “bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.”

(LC): ¿Se acuerda usted de la primera palabra que escribió?

(ET): No recuerdo cuál fue esa palabra. Pero si recuerdo un suceso en el cual, un famoso investigador, escritor y profesor en la lingüística de los idiomas, Decano de la Facultad en Georgetown University, Washington D.C., inició en los años 50, un método nuevo para la enseñanza y el aprendizaje de idiomas.

Este profesor tuvo una familia numerosa de 10 hijos. Su última hija nació sorda. En las mañanas, temprano que lo visitaba lo encontraba con frecuencia y rodeado con pequeñas cartulinas distribuidas en la alfombra de la sala, desarrollando un programa con su hijita María, también sobre la alfombra de la Sala aprendiendo a leer, luego a escribir. Hasta allí, mi relato. Varios años más tarde María, sería la directora de un Instituto de Idiomas que su padre había fundado y capacitaba a periodistas y alumnos de la Escuela de Diplomacia del Departamento de Estado en Washington, D. C.

Se me ha quedado grabado lo que el profesor y experto, llamado Robert Lado, en lingüística me comentaba: la importancia fundamental de iniciar al niño a leer, ya luego irá aprendiendo a escribir.

(LC): ¿Para usted qué es el espíritu gimnasiano?

(ET): Don Agustín, al querer introducir la dinámica y la esencia de las enseñanzas de La Nueva Escuela, realidad y práctica pedagógica originada y cultivada en Gran Bretaña y Francia, comenzó por la búsqueda y formación de Maestros. Cultivando de esta una nueva realidad educativa, madurando de esta manera una cultura de disciplina sin castigo y de confianza en el joven. Este nuevo alumno desde niño, se iría esforzando en convivir con sus colegas de clase para lograr un compañerismo y amistad de confianza.

Esta Escuela se identifica por la formación humana desde la niñez utilizando el desarrollo de la bondad natural. Este pensamiento y filosofía de la Nueva Escuela, surgida en Inglaterra y Francia, vino a las Américas; Bogotá, Colombia, a complementar y fortalecer el comienzo del sueño Gimnasiano.  

(Si consideramos la dimensión cristiana estaríamos fomentando el arrepentimiento y el perdón en la vida social y familiar.)

Este nuevo horizonte educativo, en el comienzo de su 2º centenario, ha mantenido la
“modernidad” de su espíritu sembrando en sus alumnos tres elementos fundamentales: Bello Carácter, Esfuerzo y Compañerismo. Anualmente estos tres elementos son premiados el día de graduación en sobresaliente reconocimiento de los estudiantes.

Pues lo que fui, o fuimos adquiriendo de este espíritu gimnasiano, no es algo cuantitativo ni repetitivo. Es más bien una experiencia y aprovechamiento de los sucesos y circunstancias simultáneamente vividas por una parte todas esas horas, días y años en la vida hogareña, familia de sangre, y la vida o realidad social fuera del claustro académico.

Además a todo lo mencionado anteriormente habría que mencionar las bondades del programa académico que incluye excursiones y viajes al extranjero, carpintería, cocina, entrenamiento deportivo y competencias escolares, ceremonias y fiestas sociales, servicio social y visitas a familias y personas necesitadas.

(LC): ¿Qué profesor marcó su vida? ¿Por qué?

(ET): Pienso que fue aquel que me dedicó más horas de clases y de número de materias como también con quien compartí más tiempo fuera de clase. El “Prof” Ernesto Bein. Me familiarizó y me enseñó Fisiología, Botánica, Zoología, Química, Inglés y Francés; varios años fue el Director del Internado.

Ahora, mientras relato esta reseña y mi experiencia personal gimnasiana, pienso que el Prof. ha sido el Maestro por excelencia, no meramente por ser el profesor que nos enseñó el mayor número de disciplinas o clases del pensum académico sino, también el que tuvo más trato y tiempo dedicado a cada alumno en sus clases y excursiones. Por estas razones, me dio una gran alegría, una manifestación clarísima de nuestro compañerismo gimnasiano cuando -creo que durante mis estudios y estadía en Roma- me enteré que los gimnasianos de los años 70, no aceptaron la reelección o el nombramiento de un nuevo Rector elegido por la Sala Plena y manifestaron que solo reconocerían como Rector al Prof.

(LC): ¿Cuál fue la excursión que recuerda con más emoción? ¿Por qué?

Recuerdo que mi 4º o 5º de Bachillerato dirigió nuestra excursión al Hoyo del Aire, una formación geológica en los Santanderes. Ante este inmenso y profundo “Hoyo”, de unos 200 metros de diámetro y unos 200 metros de profundidad, El Prof., parado sobre uno de los borde rocosos, nos dice: “Quisiera bajar al fondo, a ver cómo me ayudan”.

Con la colaboración del guía nativo que nos llevaba a este sitio selvático, se armó un columpio, fuerte y con base firme cerca al borde del abismo, asegurado a un trapecio, atado a un lazo grueso y resistente. El “Prof.” se sentó, cogido con una cuerda fina pero fuerte y bien larga en la muñeca, para indicarnos si lo bajábamos, lo subíamos o lo sosteníamos.

Empezamos su descenso y recibimos, a través de la cuerda de comunicación, que nos detuvieramos e inmediatamente que le subiéramos. Así lo hicimos de inmediato. Al regresar y estar colgando en el trapecio nos pidió conseguirle una vara larga y fuerte para poder ir apoyándose, contra la pared del precipicio, así evitaría dar vueltas en el trapecio mientras bajara o subiera. Él bajó al Hoyo del Aire y estuvo caminando y mirando sus alrededores un buen rato. Notamos el tirón de la cuerda de comunicación y le subimos.

¿Pensando en El “Prof.” qué más pudo haber influido en mi espíritu Gimnasiano? Afirmaría que fue El Prof., me confirmó a través de esta excursión la característica de la Disciplina de Confianza propia en nuestro colegio hasta en los mismos maestros.

(LC): ¿Alguna anécdota para compartir?

Esta libertad que aprendí a vivir desde mi propio hogar y en los años de estudiante gimnasiano, es algo que se ha ido enriqueciendo cada vez más, porque la libertad, un don de esa imagen y semejanza que somos de Dios, se manifiesta en nuestra elección que hagamos del bien o del mal. Por eso el premio de la libertad es compartir el bien supremo.

LA “NUEVA ESCUELA”: AHORA EL GIMNASIO MODERNO.

En el año 1935 mis padres, residentes en Pereira, me envían Interno al Gimnasio, a los 7 años de haber nacido en Manhattan, N.Y.C.; 418 West Central Park Avenue. Mi hermano Óscar estaba en su último año de bachillerato y, bajo su tutela Ingreso Interno en 1935 a una nueva Familia, nuestro Gimnasio Moderno, en cierta forma «engendrada» por don Agustín Nieto Caballero.

Llegó este «Padre» Educador a Bogotá con la idea, clara y firme de La Nueva Escuela iniciada en Francia e Inglaterra.

Ese Gimnasio Moderno proponía una nueva Escuela en Colombia, en Bogotá. ¿Vendría a rechazar la cultura cristiana, a la autoridad jerárquica de la Iglesia Católica? ¿impondría nuevos comportamientos? ¡Nada de eso! Pero hasta el mismo nombre insinuaba una «modernidad» y esa nueva disciplina o «gimnasio»; todo llamaba a la sospecha.

La Autoridad Católica pone en alerta a las familias y al ambiente educativo tradicional. El Arzobispo de Bogotá, Mons. Ismael Perdomo publica unas observaciones prudentes a las posibles desviaciones a la educación eclesiástica, que presentaban los textos del folleto que el Ministerio de Educación imprimió y difundió sobre las conferencias que el Profesor Ovide Decroly dictó en agosto de 1925, es decir 13 años después de la primera piedra colocada el 12 de octubre de 1918.

UNA DESPEDIDA ESPECIAL: COMPAÑERISMO Y “EL PROF”

Al venir de unos de mis viajes del extranjero, ya una vez ordenado sacerdote, pasé por el colegio y me enteré que el Prof estaba bastante enfermo y en cama.

Tenía su apartamento en el 2º piso del Edificio Central. Entré a la salita de estar, con cautela abrí la puerta de su alcoba, donde lo vi dormido. Me senté e inicié un ratito de oración personal utilizando el libro de diálogos breves espirituales de San Josemaría Escrivá de Balaguer: CAMINO. Pasaron unos pocos minutos, cuando el Prof. abrió los ojos: Asombrado, de ver a uno de sus Exalumnos gimnasianos y además revestido de sacerdote y comentó súbitamente: ¿Ya estoy en el Cielo? Notamos, mutuamente nuestra alegría y conversamos un ratico. Antes de despedirme y ofrecerle mi bendición y mis oraciones por su salud, le ofrecí el libro, CAMINO de San Josemaría Escrivá para que lo ojeara y me lo entregara más adelante.

El hecho fue que “el Prof” murió a los pocos días, mientras yo desarrollaba mi labor pastoral en el Valle del Cauca y Antioquia atendiendo una gran variedad de tareas espirituales de carácter individual y colectivo de la Prelatura del Opus Dei en ese año.

ENCUENTRO FORTUITO CON DON AGUSTÍN EN WASHINGTON D. C.

He querido compartir estos momentos íntimos de gimnasiano al que añado una experiencia de los años 60, cuando Don Agustín fue invitado a la sede central de la O. E. A. Yo estudiaba en The George Washington University a unas pocas cuadras de esta Organización Internacional. Nuestro querido y admirado Fundador, Don Agustín participaba como uno de los sabios y expertos de la Formación Educativa colombiana.

Tan pronto me enteré de que mi Rector Fundador estaba en el Distrito Capital, logré comunicarme con él y fijar un momento para recogerlo y almorzar juntos para conversar. El Fundador, Rector y Maestro del Moderno e invitado especial de los gobiernos de América, acogió inmediatamente la invitación de uno de sus exalumnos. Me sentí como si le hubiera buscado, cuando en el colegio, quería uno preguntar o contarle algo al Rector, en el Edificio Central. Si él estaba allí, no era sino subir las escaleras, entrar a su despacho y el Rector fuese quien fuese acogía a su alumno y se iniciaba en confianza el diálogo: testimonio palpable del «compañerismo» y “disciplina de confianza”, característica de nuestra Familia Gimnasiana.

En aquel almuerzo, Don Agustín comienza recordando que le habían invitado a participar en un crucero por el Caribe con un grupo de intelectuales, científicos, educadores de las diferentes disciplinas del saber, para elaborar una propuesta a la sociedad occidental sobre cómo y con qué bases, principios y comportamientos podrían las naciones lograr una convivencia de respeto, colaboración, comprensión y solidaridad.

Nuestro almuerzo terminó. Recuerdo y lo referiré más adelante, que salimos a Pennsylvania Avenue, dándome cuenta que el restaurante tiene, en el hall amplio de salida una gran columna -alta y bien amplia- formada por el agua que mana por el borde dorado de un pozuelo a la altura del alto techo, que permite verterla y que forma una cortina transparente desde los bordes del pozuelo en el centro del hall a una piscina con peces de colores variados y adornada de plantas marinas.

(LC): ¿Cómo identifica a un gimnasiano dentro y fuera de Colombia?

(ET): Curiosamente, no he tenido esta experiencia, pues desde mi graduación en 1946 he estado fuera de Colombia con excepción de 1950 a 1953, y viajes cortos a visitar a mis padres, hermanas y hermanos. Regresé definitivamente a Colombia en 1977, es decir, 27 años fuera de Colombia.

En resumen, una vez nacido en Manhattan, New York City, viví en Cali, Pereira, Bogotá -haciéndome gimnasiano- y una vez graduado comencé la nueva aventura viviendo en Berkeley, California, Chicago, Madison, Washington D.C., Roma, Pamplona y, desde 1977 en una amplia labor pastoral sacerdotal en Colombia: Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Neiva y ahora establecido en Cali.

(LC): ¿Cree que su paso por el Moderno definió su vida? ¿Por qué?

(ET): Pensaría que más que definir nuestra vida personal, el paso por el Moderno y me refiero a quienes hemos pasado, más exactamente vivido nuestro Montessori, nuestro Decroly y nuestro Bachillerato en las 4 manzanas de las carreras 9 y 11, y las calles 74 y 76, desde la primera promoción en 1920 al 2018, cuando se ha escrito este relato, testimonio o confidencia de uno de sus Exalumnos; más que definirnos como Gimnasianos, nos fue preparando, día tras día escolar, año tras año, de preparación, madurez y responsabilidad de ciudadanos, de profesionales de las diversas ciencias, artes, oficios y principalmente para ser Padres de familia, Sacerdotes, y también enfermos convalecientes.

En cada una de estas situaciones personales, como Familiares -educados en el Moderno- palpamos, percibimos y cultivamos nuestra libertad como don constitutivo de lo que cada uno es: “imagen y semejanza de Nuestro Dios Trinitario y Creador”. ¿Por qué? sencilla y asombradísimamente, porque todo lo que tenemos y somos, lo hemos recibido, desde la concepción en el seno de nuestra madre, y continuamos recibiéndolo cada instante de nuestra existencia. La realidad que vivimos cada uno, desde que somos concebidos, nacidos, cuidados, instruidos, experimentados y últimamente muriendo es un permanente y continuo: NUNC COEPI (ahora comienzo)

(LC): ¿Cuál cree que debe ser la función más importante de la Asociación de Exalumnos?

(ET): La Asociación de Exalumnos debería Convertirse en ESCUELA de EXALUMNOS. Lograr ampliar o cambiar el sentido jurídico de Asociación, e incorporándola, transformándola en Nueva Escuela o Gimnasio Moderno de Exalumnos. Lo que ha ido realizando la Asociación, merece también un reconocimiento de parte nuestra. Nos mantienen informados, invitados y re invitados al Chocolate Santafereño, a las competencias deportivas, exposiciones culturales, campañas sociales a los necesitados, al mantenimiento de un fondo para becas de estudio a nivel del periodo escolar, y también a nivel universitario o de estudios eclesiásticos además de ayudas extraordinarias de salud.

No podría olvidar la comunicación periódica de La Cartelera, que nos ayuda a “vivir” dentro de “nuestras 4 manzanas”, de tierra, árboles, prados y edificaciones durante el mes. Además, estas manifestaciones de nuestro compañerismo nos despiertan y nos hacen practicar sucesos extraordinarios como aniversarios, premios, remodelaciones de edificio, videos ilustrativos de la vida gimnasiana.

Otro aspecto importante de la Escuela de Exalumnos sería la asistencia, promoción y desarrollo de una Escuela de Maestras y Maestros de los Gimnasios Femenino y Masculino.

Se debería pensar, con la realidad bilingüe existente: Inglés-Español, de enseñar Mandarín- Español. Además lograr relaciones culturales e intercambios periódicos con universidades de Estados Unidos, China, España y otros países donde tengan recintos académicos de gran prestigio y tradiciones culturales como Harvard, MIT, Stanford en Norte América, Universidad de Beijing en China y Universidad de Navarra o IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa en Barcelona). Estos intercambios culturales serían para los alumnos actuales y además también para el cuerpo de docentes. Esto con el fin de lograr que tengan un “International Exposure”.

Además LA ESCUELA DE EXALUMNOS  podría jugar un papel importantísimo para darle continuidad y potencialidad a los padres de familia de todos los gimnasianos (alumnos, exalumnos, docentes, empleados, etc.). Esto con el fin de que la Nueva Escuela de Exalumnos tenga un enfoque o visión de llevar su pensamiento y extenderlo a toda la comunidad de la familia gimnasiana.

Ese enfoque o visión de esta Escuela, la cual es una escuela para la familia, podría ser todo un Programa Pre-familiar, para ir descubriendo la realidad de la familia a través de un programa que enseñe la importancia del matrimonio, su dignidad y preparación para la misión y la universalidad de la paternidad y la maternidad. En pocas palabras, se trata de la primera escuela del ser humano, el matrimonio, no solo es fuente de vida humana sino también escuela de formación del carácter, de fortaleza y la convivencia armoniosa o compañerismo.

(LC): ¿Qué consejo le daría a los gimnasianos de hoy en día?

(ET): Para los de Montessori no tendría ningún consejo, pues a esa edad necesitan el cariño y el aprecio materno, de una alegría exigente y de toda la ciencia psicológica, experimental pre escolar y un ambiente material apropiado para ese tamaño y edad infantil. Que es importante el aseo, limpieza, orden material insistiendo, repitiendo con buen humor, aprecio personal y paciencia incansable.

En este mensaje a los estudiantes de Decroly de este nuevo centenario, les diría que la mayor atención y preparación en estos años de su niñez, debería estar enfocada a la recepción de la Primera Comunión. Que importante es que los formadores de esta preparación, los ayuden a descubrir que este suceso no sólo es una primera vez, sino un comienzo repetitivo. Lo que significa que lo importante son las siguientes comuniones, pues no se debe olvidar que la comunión es compartir con Cristo su propia vida divina hasta el fin de nuestra vida que él mismo nos otorgó.

A los bachilleres de 6° a 9°: Han iniciado ustedes una aventura maravillosa en que el cuerpo y alma comienzan una lucha encaminada a buscar y a mantener la dignidad de nuestro ser persona y convivir con otros. El cuerpo con sus naturales necesita el dominio del alma para ir aprendiendo a caminar, a conocer y a vivir la vida como un hijo adoptado por Dios a través de su hijo eterno, Jesucristo. No es el mismo Cristo que dijo y quedó escrito en la Buena Nueva (Evangelio): “yo soy el camino, la verdad y la vida”. Se inicia en esta etapa el juego que con sus reglas, hacen o logran que cada persona realice y logre vivamente su dignidad o su plenitud, viviendo, luchando y observando los Mandamientos de la Ley de Dios. Es importante que quienes están en este periodo de la vida, que comparten sus vidas en en sus “cuatro manzanas” gimnasianas, reclamen y exijan a los formadores, maestros y padres, que les enseñen y capaciten para la realidad de una vida profesional, matrimonial, familiar y social con deseos constante de excelencia.

¿Si, adquirimos en estos años de desarrollo y madurez de estudiante, un aprecio, reconocimiento y aprovechamiento de AGUA VIVA que salta a la VIDA ETERNA, y que Jesucristo le ofreció a la mujer Samaritana, estando sentados al borde del Pozo de Jacob?

Bachilleres de 10° y 11°: Estas mismas preguntas que las de los de 6º, 7º, 8º y 9º, les lanzo a ustedes de 10º y 11º. Piénsenlas, no me las respondan, respóndanselas en intimidad con ustedes mismos. Ya en medio de la vida universitaria o profesional propiamente, se ha de lograr una madurez tanto en nuestro comportamiento, en nuestra profesión y en la vida ordinaria, para así implementar y realizar un servicio a los demás, dando ejemplo, retribuyendo, reconociendo y enseñando como verdaderos maestros.

A los ex alumnos les invitaría a considerar las anotaciones y sugerencias para LA NUEVA ESCUELA de ex alumnos, en este Moderno Gimnasio Moderno (MGM). Cada uno ha de mantener, vivo y ejemplar, el bello carácter de nuestro esfuerzo y compañerismo siempre actualizado, diariamente, en todo y con todos, comenzando por nuestra propia familia, de sangre y social.

OBSERVACIÓN FINAL

Si estamos familiarizados con Los Evangelios, que son hechos y palabras del Hijo de Dios encarnado, estaríamos intensamente asombrados, motivados y removidos, en que el Vice-Cristo nos miró, nos escuchó y nos habló desde con SU corazón de PADRE universal. Para más información consultar la página web sobre visita del Libro electrónico Papa Francisco en Colombia.

A continuación, adjuntamos el texto completo escrito por Diego:

JUAN PABLO MALDONADO

En esta ocasión, el equipo de La Cartelera tuvo la oportunidad de entrevistar a Juan Pablo Maldonado, egresado de la promoción 2007. Juan Pablo se graduó de la universidad Jorge Tadeo Lozano en el 2011 como publicista. El mismo año ingresó a Young & Rubicam, una prestigiosa agencia de publicidad en donde creció como profesional y como persona. En Rubicam estuvo durante 5 años en los que, gracias a su esfuerzo y trabajo, ganó diversos premios.

En el 2016, luego de haberle entregado todo su potencial a Rubicam ingresó a Lowe, otra de las agencias más grandes de Colombia, en donde se convirtió director creativo de Unilever. En Lowe, junto con su equipo de trabajo, ideó durante un año “MyLine”, una iniciativa a través de la cual la gente que no tiene acceso a internet puede llamar al 6000913 haciendo una consulta y Google responderá al instante. También ideó la campaña “Invisible Woman” para El Tiempo. Esas dos campañas ganaron en junio 10 Leones de Cannes, un evento global considerado como los Oscar de la publicidad, reconocimiento máximo que una agencia publicitaria se ha ganado un mismo año en Colombia. My Line se convirtió en la idea más premiada en la historia de Colombia en Cannes, que fueron 8 Leones, Invisible Woman tuvo 2.

https://www.facebook.com/juan.p.maldonado.98

Esta es la entrevista:

La Cartelera (LC): Cuéntenos un poco del colegio, ¿en qué año entró?

Juan Pablo Maldonado (JPM): Entré en Séptimo. Mi padre es exalumno del Campestre y toda la familia de mi mamá es del Moderno. Por lo que fue una controversia la elección del colegio. En ese momento el inglés del Moderno no era bueno y el del Campestre… igual de malo. Buscando un punto medio… Escogieron Los Caobos, allá empecé.

Me fue muy mal, no era el colegio para mi. Perdí Séptimo. Cuando estaba repitiendo ese año y lo estaba volviendo a perder, la Rectora no me dio opción y elegí el Moderno. Mi papá insistía en el Campestre, pero yo tenía muchos amigos del colegio y quería el Moderno. Mi papá me dejó de hablar como un mes cuando entré, sólo me decía: «somos lindos, somos bellos, somos niños del Moderno«.

Jaime Salazar era mi Director de Grupo y ese día me cambió la vida. Ahí me di cuenta que este colegio era para mí, era yo mismo y para alguien de 15 años, es muy valioso que lo entiendan.

A propósito, me acuerdo mucho de Myriam de Cuervo porque a ella le gusta mucho la Historia. Ese año hicimos un proyecto, una biblia gigantesca sobre los mongoles, a mí me parecía súper divertido. Ella se daba cuenta de eso y me exigía más, sabía que era bueno. Me entendía.

(LC): ¿Además de Myriam de Cuervo, qué otro profesor fue importante para usted?

(JPM): Me acuerdo mucho de Alberto Gerardino, también fue mi Director de Grupo en Octavo, era profesor de Sociales. Hacía juegos de memoria, era divertido porque era un viejito, pero lo hacía súper didáctico, me marcó mucho él. Hugo Chávez también me pareció increíble, enseñaba Matemáticas, fue mi Director en Décimo, fue el único que me postuló a un premio, a la Placa del Bello Carácter, lo quiero mucho. Recuerdo a Nelson Cuervo, era tierno, lo engañábamos mucho, le decíamos: «cuéntenos una historia de alguna excursión«; entonces contaba su historia, se acababa la clase y no hablábamos de otra cosa.

Me marcó Juan Carlos Bayona, siempre me apoyó, desde el día que entré. El primer día me dijo: «usted tuvo que haber estado toda su vida acá«, «usted que hace en otra parte que no sea acá» y regañó a mis papás. Además mi tía abuela es María Helena Amador, es decir, mi familia toda es de este colegio.

Tuve muchos problemas de rebeldía y Juan Carlos siempre me apoyó. Me decía que cambiara y creo que le debo mucho a él. Y a Ember Estefenn también, él fue mi Director de Grupo en Noveno. No lo quería mucho la verdad, era un tipo raro, cortante y muy estricto. Pero en su forma de ser me dio unas cualidades que no tenía; de orden, de puntualidad, de hacer las cosas bien, de perfeccionismo. Yo creo que esos tres para mí son los que más me marcaron.

(LC): Era bueno para Sociales ¿cuál materia era muy difícil para usted?

(JPM): Era muy malo en Matemáticas, era muy malo en Química y en Física. Una vez me agarré muy duro con Nelson Cuervo. Estábamos en la Facultad y en el laboratorio, nos hizo un examen, yo no entendía, me enojé y le dije: «yo no entiendo«, y me responde: «la alegría de leer» y yo le dije: «la alegría en enseñar…«, casi me expulsan por eso.

(LC): Apropósito… ¿Hizo alguna pilatuna con sus amigos de curso?

(JPM): En Décimo, teníamos clase con Hugo Chávez. Un día teníamos examen y  por supuesto no habíamos estudiado. Alguien tenia un cassette y se nos ocurrió sacarle toda la cinta, todo el salón quedó envuelto en una telaraña. Apenas llegó Hugo, no pudo entrar al salón, se enredó y por supuesto se enojó, nos puso cero a todos.

Otra vez rompimos el techo de la Sala de Profesores cuando quedaba abajo del salón de Octavo C. El Edificio del Bachillerato estaba muy viejo y decidimos los 26, que éramos en el curso, saltar al mismo tiempo desde los pupitres. Nos pareció divertido que los profesores mientras estaban en su reunión sintieran el golpe, pero se nos fue la mano, se rompió el piso, fue grave. Me acuerdo que mis piernas atravesaron el piso y se veían desde abajo colgando. Cayeron piedras, esa fue la razón de la primera remodelación que hicieron, fue por nuestra culpa. No me siento orgulloso de eso.

(LC): ¿Conserva sus amigos del Moderno?

(JPM): Nosotros somos una promoción muy rara, no somos tan unidos. Había sub-grupos. Ahora, por ejemplo, tengo el matrimonio de Francisco Carvajal que se graduó conmigo, voy a ser el padrino. Con los del Moderno siempre que podemos nos vemos, hacemos cosas, hay muchos de mi curso que trabajan cerca de mi oficina, a veces almorzamos. La relación sigue siendo muy buena. Así no estemos juntos como otras promociones, siempre intentamos vernos.

Tengo amigos de otras promociones, por ejemplo, en Rubicam trabajé con Sebastián Sánchez de la promoción 2005, fue uno de mis grandes mentores. El colegio también ayuda a eso, él me llevaba dos años, era mi Jefe de Banda en el 2005 y me ayudó muchísimo. Me decía qué tenía que hacer, cómo lo hacía él, yo le mostraba ideas y me daba su opinión. Sebastián me ayudó muchísimo, le debo mucho. En Lowe trabajo con Daniel Henao, promoción 2010 y otros de varias generaciones. Trabajar con gente del Moderno siempre es chévere, es volverse a conectar.

(LC): Hizo parte de la Banda… ¿Cómo le fue?

(JPM): Yo entré al colegio en Séptimo, no era nadie. Samper era el Jefe de Banda en ese momento. En mi anterior colegio veía que las bandas del Campestre y del Moderno iban a tocar y quería estar ahí, me parece increíble, la música me encanta. El día que entré, muchos amigos míos estaban en la Banda y me invitaron al ensayo hablé con Soto, que en ese momento era el Jefe de Liras. Mis amigos me enseñaron una canción, hice la audición y logré entrar. Casualmente a la semana íbamos a ir a Caobos, volví a mi anterior colegio una semana después de irme como parte de la Banda.

Me gusta de la Banda porque uno es su propio jefe, no habían como tal profesores, la responsabilidad de aprender de compañeros de otros cursos, era disciplina a partir de algo en lo que no hay control. Todo el mundo era juicioso. A mi me gustaba y me gusta mucho proyectar mi vida a corto plazo, si entré a liras, luego quería estar en timbas, lo logré en noveno, después quería ser Jefe de timbas y en mi año lo conseguí. Nuestra banda era malísima, nos fue mal, afortunadamente en el 2006 ganamos. Amaba la banda, amaba quedarme, no tenía problema en quedarme hasta las 11 o 12 pm, mi instrumento lo cuidaba, era muy bonito ese sentimiento de propiedad que inspira la Banda.

(LC): ¿Fue parte de algún Comité?

(JPM): En Once me volví el presidente del Comité de Publicidad con Márquez, desde siempre nos gustó mucho el diseño, hacer cosas diferentes, intentamos algo hacer algo diferente. Ahí empecé a darme cuenta que hacer las cosas diferentes era mejor. Tengo mucha familia publicista y siempre me ha gustado, pero en el Moderno me di cuenta de que esto era lo mío, entrar en un computador y empezar a diseñar me gustaba mucho.

(LC): ¿… Y las excursiones?

(JPM): En Séptimo fuimos a Pereira, esa fue la primera excursión de mi vida, me abrió ese panorama de conocer Colombia. Después, en Octavo fuimos a Villa de Leyva a caballo, fuimos el primer curso que lo volvió a hacer. Fue largo siete días hasta Villa de Leyva y después nos devolvimos en bus. En Noveno nos fuimos a Nuquí y a Gorgona en barquito. Fuimos con los otros Novenos: A y C, éramos muchos en un mismo barco, para mí fue buenísimo porque casi todos mis amigos eran de «A» y no de «B». El barco me daba mareo, pero las playas eran increíbles. En Décimo fuimos al Amazonas, en época del Mundial 2006 y no podíamos ver muchos partidos. En Brasil nos tocó un partido Brasil-Croacia muy chévere. También tuvimos que caminar por casi quince horas con una mochila, no era como la excursión de Amazonas de otro colegio, acá era si llegaba la noche ponga toldillos, pongan las hamacas. Nos quedamos una noche en un hotel bueno, ya estábamos muertos. En Once nos fuimos a Egipto. Esas fueron las excursiones, eran buenísimas, esos momentos de integración con el curso, con otros cursos.

https://gimnasiomoderno.edu.co/gimnasio/historia/2004-2013/

(LC): ¿Cree que el Moderno le marcó la vida?

(JPM): Totalmente, yo soy una persona diferente después del Moderno y sigo intentando mantener lo que aprendí en el colegio en mi vida profesional y me he dado cuenta que me ha dado muchos frutos bastante grandes. Por ejemplo, si uno es constante, tiene algo en la cabeza y es algo que quiere, tiene que explotarlo. Eso es algo que me enseñó el colegio, me enseñó una parte de amabilidad y de ser humano antes de jefe, porque yo manejo mucha gente y mis reinados no son de tiranía sino de apoyo. A mi acá me enseñaron que yo tengo que tratar bien al jefe, como a el portero. Incluso ahora que llegué estaba ‘Pedrito’, me saludó por el nombre, se acordó de mí, me gradué hace once años y se sigue acordando. Me gusta es ser buena persona, ser querido con todo el mundo, yo no me creo mejor que nadie, soy entregado a mi trabajo y nos ha ido bien y eso me lo enseñó el colegio y creo que me ha dado frutos en mi carrera desde la universidad, pasando por Rubicam, ahora en Lowe y después lo que se venga.

(LC): ¿Qué es para usted el Espíritu Gimnasiano y la Disciplina de Confianza?

(JPM): Para mi la Disciplina de Confianza es ser responsable sin tener a alguien encima, que yo creo que es lo más valioso que uno puede tener cuando uno ya crece. Yo no necesito un general, no necesito una persona con una pistola que me esté diciendo que hacer, sino que yo mismo aprendo mis tiempo y me organizo para saber que tengo que responder por cosas que eventualmente son para mí. Yo creo que eso es lo que el Moderno y la Disciplina de Confianza le imprime a uno.

El Espíritu Gimnasiano es muy grande, de compañerismo, de estar siempre para el otro, de ser el mejor que uno pueda ser en lo que uno haga, sin importar lo que sea. Para mí lo más importante del colegio fue eso y lo que yo siempre me llevo del espíritu del Moderno es, sea como sea pero sea el mejor.

(LC): Y para terminar… ¿qué le quisiera decir a los gimnasianos de hoy en día?

(JPM): El único mensaje que yo les puedo dar es que aprovechen mucho el colegio, se acaba y es muy triste, llega la vida real, que lo aprovechen mucho pero sobre todo que pongan en práctica todo lo que aprendieron en el colegio, disfruten el colegio al máximo, si son gimnasianos acá dentro y afuera, les va a ir muy bien.

SANTIAGO ESPINOSA PIÑEROS

En esta ocasión, el equipo de La Cartelera tuvo la oportunidad de recibir a Santiago Espinosa Piñeros, exalumno de la promoción 2002, amante de la escritura y la literatura. Graduado de la Universidad de los Andes de Filosofía y Literatura y con una maestría en Filosofía y Educación, ha tenido la oportunidad de escribir y publicar varios libros, entre ellos “El Movimiento de La Tierra”, un libro de poemas que ganó el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines.

Actualmente, debido a su amor por el colegio, trabaja como profesor y coordina la Escuela de Maestros y trabaja en pro de la educación. Pero dejemos que sea él quien nos cuente su historia:

(LC): ¿Cuál es su primer recuerdo del colegio?

Tengo los mejores recuerdos del primer día. Algo difusos como es natural, fue hace 30 años, pero las instantáneas que tengo son soleadas y felices. Con una presencia muy marcada de la naturaleza. No me acuerdo muy bien del primer momento en el Gimnasio Moderno, pero mis padres me cuentan que al finalizar la inducción del primer día, yo no quería irme del colegio. Y de algún modo lo he cumplido. Además siempre he asociado estos espacios con una sensación de libertad.

(LC): De esos primeros años en el colegio… ¿Se acuerda de algún profesor?

Pienso en Wilma Bernal, la profesora que me enseñó a escribir. Cuando me preguntan por las cualidades del maestro ideal yo pienso en la alegría de Wilma y la pasión por aprender que nos trasmitía. Todo lo que he escrito después, se lo debo de algún modo a ella. Posteriormente estuvo don Guillermo Quiroga, por supuesto, un ser excepcional, de una coherencia asombrosa entre lo que decía y lo que vivía. Don Guillermo era la misma persona en la clase y afuera de la clase, siempre era un maestro. Donde quiera que esté ahora, seguro les estará hablando a los niños de historia o de literatura.

Otros profesores que me marcaron profundamente, fueron Daniel Samper Ospina y Pompilio Iriarte, dos grandes maestros. También Jorge Iván Parra. Ellos me ayudaron a amar la literatura y los libros, que son una de las mejores cosas de las que uno puede enamorarse. Pienso que todas las personas son en cierta medida, para bien o para mal, el resultado del trabajo invisible de sus maestros.

De los primeros años también recuerdo a los amigos, a todos, especialmente a Federico Suárez, abogado y profesor del Externado, y a Alejandro Cárdenas, que también trabaja en el colegio como coordinador del Área de Música. Para mi ellos dos son el ejemplo de aquellas amistades que persisten.

(LC): Le iba bien en español…

(SE): Sí, pero las clases de sociales también me fascinaban. La geografía, los mapas. Uno de los momentos más decisivos para una persona es cuando descubre que hace parte de una historia, nada vuelve a ser lo mismo. También me gustaban mucho las clases de Física, la entropía, la materia oscura, hay tanta poesía en estas cosas. Para hablar de la literatura tendría que decir que para mí la experiencia del Aguilucho fue determinante.

Me sentía libre en El Aguilucho cuando escribía. Puedo dar fe que nunca ha habido censura. Eso implicaba una responsabilidad, aprendíamos mucho de las equivocaciones. Aprender que la comunidad es un asunto frágil, que hay que cuidar nuestro lenguaje, respetando cada una de nuestras palabras, que hay que aprender a aceptar las diferencias que nos son propias, es una de las grandes lecciones para vivir en democracia.

(LC): ¿En qué materia no le iba tan bien?

Química no era mi materia favorita, de pronto por la manera en la que la aprendimos. Era algo muy memorístico, no se nos explicaba su propósito. ¿Se imagina que hubiéramos aprendido estas mismas cosas en la cocina, en el contacto directo con la naturaleza? Rimbaud decía que la poesía es una forma de la alquimia.

A mí me gustaba jugar fútbol, era muy malo, pero me gustaba. En algún momento fui parte de la Selección. Cuando estaba en la Primaria nos metimos a un equipo que se llamaba Los Benjamines. Ahí dejaban entrar a todo el mundo, inclusive a los más malos como yo. Después las diferencias se hicieron evidentes.

(LC): ¿Le gustaba la banda? ¿Tocaba algún instrumento?

(SE): Sí, yo estuve en la banda, primero en los platillos y después en granaderas. El dilema que se me presentó después fue si seguía dedicándole tanto tiempo a la banda, o si ese mismo tiempo se lo dedicaba a la escritura y al Aguilucho. Y bueno, los libros se impusieron.   

(LC): De las excursiones ¿cuál fue la que más le gustó?

(SE): Yo creo que las excursiones son uno de los grandes tesoros de la pedagogía de este colegio. Son los mejores recuerdos que yo tengo del Moderno, donde más aprendíamos del país y la diversidad, donde vivíamos la amistad. Esa era una época muy difícil en el orden público, no hace falta que lo recordemos, esto afecto mucho a las excursiones. Sin embargo, tengo los mejores recuerdos de un viaje a San Agustín y al Amazonas. Por supuesto la excursión de 11, a Machu Pichu y al Lago Titicaca. Estoy seguro que hay una parte de nosotros en esos caminos, a todos nos marcó tan profundamente esa experiencia en la montaña, al lado de las comunidades. 

Fuimos los primeros en salir del país. Después yo siento que esta idea de las excursiones comenzó a diluirse en el paseo con lamentable frecuencia. Que son maravillosos, claro, yo mismo he estado con los estudiantes en Europa algunas veces, pero la verdad es que si me dieran a escoger yo me quedaría con nuestras excursiones originales. Por fortuna este espíritu se está recuperando. Recientemente tuve la oportunidad de acompañar a los estudiantes a la Guainía, es uno de los lugares más bellos y alucinantes que yo haya visto.

En las excursiones se crean amistades, pues son un proceso de conocerse, son tiempos de estar solos, sin los papás, sin la regulación, 24 horas juntos. Incluso Federico Suarez, mi mejor amigo del colegio, sigue siendo uno de mis amigos entrañables. Yo a Federico lo conocí cuando teníamos cuatro años. Él ahora es un abogado muy prestigioso, profesor del Externado, constitucionalista. Pero no pasa una semana sin que nos hablemos. Esto también me pasa con el profesor Alejandro Cárdenas. Lo más importante de estas amistades es el humor, cada vez que nos vemos recordamos estas cosas que vivimos en el colegio con mucha gracia. Pero también estaba la pasión que nos despertaba este colegio por conocer, y yo diría que por transformar una realidad.

Cuando nos volvemos a ver con los compañeros del curso, se renueva algo especial. Claro que muchas cosas han cambiado. Pero uno siente que en la mitad de la conversación está el camino, la montaña, lo que vivimos en las excursiones. También la arquitectura de este colegio, sus espacios dejan un sello muy particular en todos los que estudiamos aquí.

(LC): ¿Y ese ser gimnasianos es fácil de identificar?

(SE): Quisiera pensar que el Moderno es un colegio donde las personas se forman para la autonomía, para no tragar entero. Una autonomía que no termina con uno mismo, por supuesto, sino que es el comienzo de una enorme responsabilidad con los otros. En los estatutos hablaba don Tomás Rueda Vargas de un liderazgo bien entendido. Y el Gimnasio Moderno le ha aportado a la sociedad algunos de estos líderes. Me gustaría que esta transformación curricular en la que está el colegio, todo este esfuerzo que estamos haciendo desde la Escuela de Maestros, con el Sabio Caldas, con la formación, les ayude a los egresados como grupo, ocupen los roles que ocupen, y no sólo en un puñado excepcional que tienen todas las promociones.

(LC): ¿Qué le diría a los gimnasianos de hoy en día?

(SE): Que encuentren un propósito. Sócrates hablaba de una vida que merezca ser vivida.  Habría dos maneras de educarse, una es simplemente cualificar a unos egresados para el mundo del consumo. La otra es educar a esos mismos jóvenes para construir entre todos un país mucho más imaginativo y sensible, menos injusto, menos violento, menos brutal respecto a los ambiental. En la educación están consignadas todas esas esperanzas. Yo quisiera que los estudiantes entendieran eso un poco más. Por supuesto que algunos lo entienden, pero no todos.

Cuando yo publiqué mis primeros poemas El Aguilucho, espantosos, por supuesto, lo más probable era que los maestros me dijeran que yo no tenía ningún talento para la escritura. Pero los profesores del Moderno me apoyaron, creyeron que si alguien podía convertirse en escritor con trabajo y con esfuerzo. Mi sueño no era ser un tipo rico ni poderoso, mi sueño era escribir, compartir con los estudiantes los libros que me cambiaron la vida. Y eso es lo que hago todos los días.  Los grandes maestros son irrepetibles, Pompilio, Wilma, Don Guillermo Quiroga. Al menos quisiera que mis estudiantes me recuerden como una persona tremendamente apasionada por las cosas que enseñaba.

(LC): ¿Algo más que quiera decir como ex alumno del Gimnasio Moderno?

(SE): Que en el Moderno hay un equipo de trabajo extraordinario, que está trabajando todos los días para que el Moderno esté a la altura de los retos y de su historia. Nunca, como profesor o como estudiante, había vivido un Gimnasio Moderno una dinámica tan especial, tan abierto al diálogo, con tantos proyectos tan emocionantes como los que tenemos ahora.  

ALFREDO IRIARTE NÚÑEZ

El equipo de La Cartelera, recuerda la entrevista hecha al importante escritor, historiador y cronista colombiano Alfredo Iriarte Núñez (1932-2002), en su edición de 1994.

Gimnasiano de la promoción 1950, publicó sus primeros artículos en “El Aguilucho”. Luego cursó algunos semestres de derecho en la Universidad del Rosario. Y más tarde, trabajó en la Flota Mercante Grancolombiana y en Seguros Bolívar, hasta llegar al cargo de vicepresidente. Paralelamente a su trabajo como ejecutivo, Iriarte se dedicaba a escribir en las noches.

Esta es la entrevista:

Alfredo Iriarte (AI): Tengo de mis años gimnasianos los más gratos recuerdos, lo cual no es incompatible con la convicción que me asiste de haber sido, como el que más, un alumno absolutamente atípico de esa institución.

En primer término, no ingresé al Gimnasio, como la mayoría de mis condiscípulos, a las aulas de Montessori o del Decroly, sino a tercero de Bachillerato, como consecuencia de haber sido expulsado de un importante colegio de religiosos por hereje, vale decir, por liberal. En ese punto comenzó a configurarse la mencionada atipicidad. Ya a la sazón tenía aún viva la manía de polemizar con curas, por lo cual, desde mi ingreso a las aulas, me convertí en el dolor de cabeza de nuestro profesor de religión, que era entonces el presbítero Rafael Gómez Hoyos, con mis controversias encarnizadas. A Gómez Hoyos lo sucedió el sacerdote Julio César Orduz, con quien las discusiones fueron aún más largas y pugnaces.

La Cartelera (LC): ¿Por qué tal atipicidad?

AI: Yo creo que el gimnasiano clásico tiene y siempre ha tenido un perfil muy definido. Era y es estudiante ejemplar, con una formación muy equilibrada que demuestran sus notables calificaciones, tanto en ciencias como en matemáticas y humanidades. Es, además, un sobresaliente deportista, paradigma de la MENS SANA IN CORPORE SANO. Por supuesto, vale anotar que, aunque disciplinado y atento a todos los campos del saber, sus preferencias suelen inclinarlo un poco más al campo de las ciencias físicas, naturales y matemáticas. Yo, por mi parte, fui la perfecta contrafigura de todo eso. Y vamos por partes. Mis relaciones con la gimnasia, los deportes y toda laya de esfuerzos físicos han sido las menos cordiales del mundo. Siempre he creído que la natación es un ejercicio de peces y no de humanos y que los únicos contactos de éstos con el agua deben ser beberla, asearse con su ayuda y surcarla en grandes y cómodas embarcaciones. También me ha parecido insensato que dos hombres o mujeres se disparen de lado a lado de una red con una bola a raquetazo limpio o que veintidós varones corran detrás de otra como dementes durante noventa minutos, pudiendo tener cada uno la suya, con la sana finalidad de quedar todos en paz. Por todo ello, las horas de educación física fueron para mí siempre un tormento atroz, de lo cual jamás se apiadaron mis desalmados profesores Castro, Numael Hernández y Salvador Joseph, cuyo sadismo llegó hasta el extremo de rajarme en esa materia en cuarto de bachillerato y obligarme a habilitarla, mediante una serie de flexiones y otros movimientos que provocaron la hilaridad de los que por azar estuvieron cerca del grotesco espectáculo.

Odié a muerte las excursiones extra urbanas que eran (no sé si aún lo sean) sagradas en esa época. Desde mi primer año de Gimnasio puse a funcionar la imaginación para eludirlas con excusas felizmente afortunadas. Y lo hacía movido por mi convicción de que trepar montañas es oficio de cabras y hacer caminatas infinitas a campo raso, cosa de reclutas o refugiados de guerra. Pero al fin de llegó el gran fiasco, que fue como una especie de revancha de destino. En quinto de bachillerato se programó una excursión  especialmente diseñada para mí. La primera etapa era Bogotá-Cali por tierra. Un día en esta ciudad y luego Cali-Popayán en tren. Uno o dos días en la capital caucana para luego seguirá Pasto en un bus infame. Dos días en Pasto, luego Ipiales y Tulcán y retorno a Bogotá por la vía aérea. Nada que objetar, por suerte, puesto que nada se avizoraba en el programa de regiones selváticas, ríos traicioneros, culebras, mosquitos, caballos y tantos otros horrores que tanto apasionaban a mis compañeros. Así que partí encantado. Los Primeros días fueron exquisitos. En Popayán estuve feliz. Me separé del grupo para visitar las maravillas de arte religioso que albergan sus templos y me uní para una visita a la que nos invitaron a la Casa Museo de Guillermo Valencia, cuyo hijo Álvaro Pío nos guio con suma amabilidad. Recuerdo que yo, de puro sapo, estuve todo el tiempo al lado de Álvaro Pío para recitarle algunos versos de su padre, demostrándole así mi erudición.

Y llegamos a Pasto. Todo parecía normal hasta que una tarde, mi querido e inolvidable profesor Arturo Camargo (q.e.p.d.) nos convocó en el Hotel Pacífico, donde nos alojábamos para notificarnos que a la madrugada siguiente iniciaríamos ascenso hasta el propio cráter del volcán Galeras. Hubo alborozo en el grupo. Yo quedé petrificado, pero ahí mismo me empezó a funcionarla mí imaginación.

Eran las cinco y media de una madrugada gélida cuando el grupo de intrépidos alpinistas salió del hotel rumbo al cercano pueblito de Anganoy, donde nos esperaba un baquiano indígena que subía a diario hasta el cráter y que con seguridad habría humillado a los conquistadores del Everest. Jamás olvidaré su nombre: Ulpiano Patascoy.

Una vez llegados a las primeras estribaciones del Galeras yo, sereno dentro de mi desesperación, comprendí que el único recurso que me quedaba era el de conseguir la complicidad de por lo menos un desertor, o acaso dos, y emprender cuanto antes el regreso a Pasto mientras el esforzado contingente se perdía en lontananza, jadeante y dichoso. Valga la inmodestia, pero esta rápida pesquisa fue una obra maestra de psicología empírica. En un momento  dado llamé a Ramiro Jaramillo y a Camilo Pombo (Q.E.P.D.), y los disuadí de la empresa suicida de corona el volcán. Para mi grata sorpresa, no tuve que hacer mayor esfuerzo. Al cabo de pocos minutos estamos descendiendo el corto trecho que habíamos remontado. Llegamos al hotel, nos metimos al bar y pedimos una botella de ron. Cuando a la tarde regreso el profesor Camargo a la cabeza de sus bravos montañitas, se topó con un deplorable trio de beodos que juraban a morir primero que asomar sus cabezas a la boca del cráter. El profesor Camargo guardó silencio.

Abdon Espinosa (izquierda) y Ernesto Samper (derecha).

Pero llegamos a Bogotá y habló con don Agustín. La represalia no se hizo esperar: ocho sábados consecutivos resolviendo ecuaciones de segundo y tercer grado en el comedor del colegio. Desde luego, yo no acerté con una sola. Camilo y Ramiro me hicieron piadosamente el trabajo. Por supuesto, no puedo terminar este relato sin recordar que el tiempo me dio la razón cuando hace muy pocos año, una repentina erupción del Galeras sepultó unos aguerridos montañitas que se entrometieron en sus terrenos en pos de no sé qué evidencias científicas.

En suma, todo este conjunto pintoresco de atipicidades; mi lucha tenaz y persistente con los profesores de matemáticas por demostrarles que las letras se inventaron para formar palabras y no para sumarlas y dividirlas; mi jartera invencible por la química y la física, no solo no empañan sino que cada día realzan más el afecto con que a menudo vuelvo los ojos hacia mis recuerdos gimnasianos. Porque tampoco puedo olvidar el encanto de mis clases de historia y de literatura con los profesores Pérez, Jara, Peñuela, Díaz Díaz, Prat, Bernal; ni mis actuaciones con el grupo teatral en el Fernández Madrid; ni las audaces innovaciones que introduje como director de El Aguilucho; ni a esos queridos bachilleres de 1950 que fueron, son y seguirán siendo mis hermanos del alma.